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Las carreras de Ascot dan siempre para más de un comentario, y no nos referimos a los caballos ganadores. La etiqueta del hipódromo y el vestuario de quienes asisten, durante los cinco días que duran, son todo un alarde de imaginación, excentricidad, pero también buen gusto.

Los sombreros de las damas son siempre fuente de risas, sorpresa o admiración. Este año, sobre el césped, en la cabeza de las señoras se ha visto desde himenópteros con un tamaño de "Jurassic Park" a flores XXL o plumas del tamaño de un pavo real, los elementos más recurrentes.

Colores intensos como el rojo, el fucsia y una amplia gama de verdes y naranjas compiten con rosas palo y sobre todo azules, en esta edición.

Un color, el azul, al que se sumó Zara Philips, nieta de Isabel II, con un sombrero a juego con su vestido.

La Familia Real supo estar a la altura del buen gusto en los complementos, siempre discretos, elegantes y de diferentes tonos. Una discreción a la que se sumó la princesa Eugenia de York, con un vestido verde al que acompañó con una pamela del mismo color.

Llamativas tonalidades que se alternan con motivos de todo tipo: zapatos que rematan en tacones con forma de mariposa, sombreros que incluyen teteras y remiten a "Alicia en el país de las maravillas", e incluso perros labradores con bombín. Todo cabe en Ascot.

Llamar la atención parece ser la clave para salir en la foto, aunque se suele repartir a partes iguales excentricidad y buen gusto. Ascot siempre un espectáculo.