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Tras varios años de polémica de ecologistas y partidos verdes contra las granjas de explotación de visones en defensa del bienestar animal, el coronavirus podría ser "la puntilla" para su cierre definitivo por la probable transmisión "de ida y vuelta" del virus entre el ser humano y los visones.

Es muy probable que el SARS-CoV-2 sea "la puntilla" que propicie el cierre definitivo de estas granjas, señala a Efe Elisa Pérez Ramírez, viróloga veterinaria del Centro de Investigación en Sanidad Animal (CISA), quien alerta de que la situación es "alarmante y merece atención e investigación urgente".

En la misma línea, grupos conservacionistas en España y partidos políticos como Unidas Podemos advertían meses atrás, y cuando se tuvo conocimiento de los primeros positivos en una explotación peletera española, de que estas granjas son "una bomba" para la salud y para la biodiversidad.

Elisa Pérez, doctora en veterinaria, enumera los riesgos de las granjas y resalta las dudas que plantean respecto al bienestar animal, el peligro que suponen los visones americanos para la biodiversidad, especialmente para el visón europeo, especie en peligro de extinción, y la transmisión del virus al hombre.

La experta explica que, en estudios llevados a cabo en granjas de Holanda, se ha comprobado que los visones americanos actúan como reservorios del SARS-CoV-2, y aunque el ser humano es el origen de las infecciones, las investigaciones apuntan también a la existencia de una "transmisión reversa", es decir, del humano al animal y del animal al humano.

A su juicio, el hecho de que un visón se infecte con este virus "no es algo sorprendente, ni inesperado", ya que otras especies de mustélidos como los hurones han demostrado ser altamente susceptibles a virus respiratorios, pero sí es destacable la "gran rapidez" con la que se expande, una vez que el virus entra en una granja, y a pesar de contar con estrictas medidas de bioseguridad.

Otro aspecto de la infección en visones es la gran variedad de cuadros clínicos que pueden presentar, como, por ejemplo, síntomas respiratorios y digestivos (sobre todo diarrea), mientras que en otro alto porcentaje de las granjas la infección en estos animales ha sido asintomática, factor determinante para favorecer la expansión silenciosa de la enfermedad, observa la veterinaria.

Elisa Pérez afirma que las conclusiones de la investigación llevada cabo en Holanda apuntan a que "el virus afecta al 43 por ciento de las explotaciones peleteras del país", lo que implica que trabajar en una granja de visones es un "factor de riesgo claro" para sufrir COVID-19.

La alta incidencia de casos detectados ha propiciado que en dicho país, centro mundial de la cría de visones, el fin de estas explotaciones, previsto para 2024, se adelante a marzo de 2021, mientras que en países como Polonia, el segundo productor de pieles en Europa, se esté acelerando su cierre definitivo.

España cuenta con 37 explotaciones y una de las más importantes, ubicada en La Puebla de Valverde (Teruel), arrojó en mayo pasado un saldo de 7 trabajadores contagiados y el sacrificio de 92.700 visones, al detectar que el 86 % de los animales de la granja se había contagiado.

La investigadora detalla que, de momento, no se tiene más información sobre la incidencia de casos en otras granjas españolas, debido al retraso del Ministerio de Agricultura en publicar los datos, aunque tiene constancia del desarrollo de un Plan Nacional de Vigilancia para controlar la situación.

Desde su punto de vista, "es imprescindible realizar una detección precoz de los casos" e insta al Ministerio a realizar PCR periódicas a los trabajadores de las granjas y un seguimiento exhaustivo a los animales para vigilar la situación, porque, incide la experta, se trata de una enfermedad de declaración obligatoria a la Organización Mundial de Sanidad Animal.

Para atajar esta situación, Elisa Pérez aboga por crear un "equipo multidisciplinar" de profesionales cualificados en las áreas de la sanidad animal y salud pública, porque esta enfermedad no deja de ser una zoonosis (un virus que se transmite entre personas y animales), lo que hace imperativo abordarla desde todos los sectores implicados.

Elena Sánchez Laso