EFEZaragoza

Casi un año de esfuerzo invirtió Mercedes Sánchez en recuperar a su bisabuelo, su abuelo y su tío abuelo, asesinados por las fuerzas franquistas en 1936, pero, en el último momento, todo se torció: la fosa donde se suponía que los enterraron estaba vacía.

"Es muy triste, sobre todo por mi madre", lamenta Sánchez en una conversación con Efe en la que reconoce que ejecutar un exhumación con éxito "es mucha suerte".

Son muchas más las historias sin final que las que acaban bien y, por eso, Sánchez, junto a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón (ARMHA), de la que forma parte, ha recreado todo el proceso necesario para una exhumación en el documental "Una fosa vacía, un dolor que no cesa", que se estrena en Zaragoza este jueves.

UN AÑO DE LUCHA

La historia de Sánchez comienza en 2007, cuando su madre escucha por la radio la noticia de aprobación de la Ley de Memoria Histórica.

"En mi casa no se hablaba. Mi abuela nunca ha contado nada de nada", reconoce Sánchez, quien explica que fue su madre, que perdió a su padre, su tío y su abuelo cuando tenía un año, la que impulsó todo.

Así, comenzó un trabajo que empezó con visitas a archivos, recopilación de testimonios orales y mucha burocracia y que terminó en la fosa de Tierga (Zaragoza), donde se suponían que estaban los tres familiares de Sánchez y cuatro personas más.

Para ello tuvo que reunir las autorizaciones de los familiares vivos de todos, así como a un arqueólogo, a un antropólogo y a un restaurador, según el protocolo vigente entonces.

"Una semana antes murió mi abuela. A lo mejor así se evitó el disgusto de no encontrar nada", manifiesta.

En Aragón hay más de 400 fosas y más de 10.000 muertos documentados de los cuales, señala, no se han recuperado más de 1.000.

"¡QUE CAVEN, QUE CAVEN! NO VAN A ENCONTRAR NADA"

En casi todas las exhumaciones, cuenta Sánchez, la mayor parte de la información se obtiene de testimonios orales.

Así, supo que fue un 18 de septiembre de 1936 cuando el ejército franquista se llevó a sus familiares de Borja (Zaragoza) a Tierga para matarlos.

Buscando en el Archivo Provincial encontró el expediente de Responsabilidades Políticas de su bisabuelo Marcelino Román Redondo fechado en 1937, seis meses después de su muerte.

En el documento le incoaban una multa de mil pesetas porque "con sus predicamentos había imbuido en sus convecinos las ideas comunistas" que habían hecho "necesario" el golpe de Estado de 1936.

"Mi bisabuelo era pastor, se pegaba todo el día en el monte con las ovejas. Pero debía de ponerlas a todas en fila y les debía hacer arengas comunistas, porque, si no, no lo entiendo", dice Sánchez, quien asegura que los expedientes, de los cuales se conservan más de 30.000 en Aragón, son "calcos" y que el franquismo solo cambiaba el nombre del culpable.

Para ella, el Gobierno tendría que haber trabajado desde la vuelta de la democracia en la recuperación de los restos, cuando los familiares directos estaban vivos, y no dejarlo en manos de asociaciones y voluntarios casi 30 años después.

Así no habría tenido que escuchar "¡Que caven, que caven! No van a encontrar nada", en boca de un vecino de Tierga mientras removían la tierra donde se suponía que estaban sus familiares.

"A la extrema derecha, que nos está diciendo que somos revanchistas, que somos rencorosos, que hay que cerrar heridas, que hay que pasar página... Yo simplemente les digo que no es rencor, es justicia", subraya Sánchez, que detecta todavía "un poso de franquismo" en España.

ESPERANZA POR LA NUEVA LEY

Para Sánchez, la Ley de Memoria Histórica de 2007 "no gustó a nadie" y, además, no fue desarrollada.

Ahora, sostiene, el proyecto de Ley de Memoria Democrática aprobado por el Consejo de Ministros abre una oportunidad "ambiciosa" al incluir un banco de ADN.

Aun así, insiste en aplicar y dotar económicamente esta norma, para que no quede en papel mojado, al igual que la ley aragonesa, que, denuncia, lleva más de un año aprobada y apenas tiene un funcionario en la estructura de trabajo por la memoria que incluye, lo que demuestra que "tampoco hay mucha voluntad".

Aunque no ha podido recuperar a sus familiares, Sánchez sigue luchando por dignificar a las víctimas, y consiguió que el Ayuntamiento de Borja colocara una placa en el cementerio recordando a sus vecinos, tras lo cual su madre suspiró: "ya me puedo morir tranquila".

"¿Dónde está el rencor? ¿Dónde está la revancha?", concluye.

Sergio Marín Lafuente.