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El escritor sueco Mikael Niemi nos sumerge en un "thriller" histórico sin fisuras de la mano del pastor Lars Levi Laestadius, un personaje histórico del siglo XIX que junto a su discípulo, un joven por construir, nos lleva por un mundo en el que aprender a mirar de otro modo la realidad es fundamental.

En la Suecia de 1825 la religión y el miedo dominaban una sociedad en la que el pastor Laestadius, nacido en Laponia sueca, no sólo creó el movimiento Laestadiano, sino que también fue uno de sus mayores botánicos y escritores. Un personaje al que Niemi (1959) conoce desde pequeño y al que respeta, pero también alguien que quería abordar de una manera diferente a la que se ha hecho en otros libros.

"Era un personaje muy grande y no me atrevía porque no sabía cómo aportar algo nuevo. Pero hay dos motivos para que usara este género con él: soy un escritor al que le gusta entrar en nuevos territorios y mi padre era policía, así que estaba acostumbrado a ver cómo resolvía crímenes", cuenta a Efe este autor superventas gracias a otros títulos como "Un rock`n`roll en el Ártico".

Dos razones éstas, además de sus grandes conocimientos en botánica -al igual que su protagonista- que le llevaron a construir "Cocinar un oso" (Seix Barral), una investigación al más puro estilo policial que adentra a Laestadius y su discípulo Jussi -en un claro homenaje a clásicos como "Sherlock Holmes"- en los bosques del norte de Suecia, donde se cometen los asesinatos de dos jóvenes mujeres.

El primero de ellos, con el que arranca la novela, es adjudicado al ataque de un oso, pero la astucia y conocimientos del pastor hacen ver que la realidad no es tal, sino que al mirarla con otros ojos comienza aquí un emocionante camino sensorial en el que los ojos sólo se fijan en los pequeños detalles.

"Laestadius era un personaje muy particular, un renovador e iba por su propio camino, tanto en el de la ciencia como el de la religión, ¿acaso ese no es también nuestro cometido? Buscar nuestro propio punto de vista, porque este mundo no es estático, se va reformando", matiza Niemi, un autor de profundos ojos azules que perdió a sus padres mientras escribía esta novela.

Por eso, el escritor -que luce un broche de un salmón en la solapa de su chaqueta que perteneció a su madre- apunta que "no hay que colmar al lector" y por eso a lo largo de las 512 páginas los sentimientos hacia los protagonistas son variables, del amor al odio, de la comprensión a la rabia.

"Hay que abrir las puertas y crear el subtexto para que el lector complete, llene y cree la trama. No quiero dar respuestas y decir si Jussi o el pastor son buenos o malos", confiesa.

Según reconoce, a través del joven Jussi, un sami salvaje, analfabeto, sin familia y que Laestadius adopta como discípulo hasta el punto de darle un nombre y ofrecerle un desarrollo intelectual- también ha querido homenajear a su pueblo, los sami, sumergiendo al lector en la lucha por salir de la pobreza pese a tenerlo "todo en contra".

Así, con Jussi esta obra también toma tintes del género de novela de iniciación para profundizar en las tradiciones, miedos y logros de esta comunidad: "gracias a mis antepasados yo he podido ser el escritor que soy y estar aquí", resalta.

Y el miedo, qué sería de un buen thriller sin el factor miedo, ese que atenaza a esta sociedad del siglo XIX, donde los diablos tenían más poder que el todopoderoso del cristianismo, la religión que Laestadius adaptó para incorporarla al credo de los sami.

"Es muy importante, como hacía él, prestar atención a los miedos, a las fobias, y me parece muy importante. Es importante recalcar que la visión de Laestadius era llevar a la gente al éxtasis religioso", concluye Niemi, un autor al que todos aquellos amantes del noir sueco tienen que prestar mucha atención.

Pilar Martín.