Madrid, 3 jun (EFE)- Los aplausos que día tras día han recibido los sanitarios españoles frente a las puertas de los hospitales o desde los balcones y ventanas de las viviendas de miles de ciudadanos confinados se han convertido este martes en un merecido galardón, el de la Concordia de los Premios Princesa de Asturias.

Y es que la palabra concordia, según el diccionario de la RAE, representa la conformidad, la unión, algo que han demostrado desde el primer minuto estos profesionales que han dado más que todo durante los duros momentos de la pandemia, cuando se agolpaban en los pasillos de los hospitales los afectados, cuando no había más manos para atender.

A cuántas personas han tenido que decir adiós sin un abrazo y cuántas lágrimas han tenido que derramar porque han tenido que hacer de marido, de esposa, de hijo. El aislamiento de los enfermos en los hospitales les ha obligado a ejercer de familia o a ser puente de transmisión entre ellos.

Algunas veces han prestado sus tabletas, sus móviles para que los enfermos pudieran ver a los suyos, y han sido testigos de últimas escenas entre hijos y padres.

Y siempre todos a una, y en muchos casos sin el cariño de los suyos porque la mayoría se autoaisló de su familia por temor de poder contagiarla.

Profesionales que han tenido que despedir a 63 sanitarios. Lo explicaba este martes en el Congreso el presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (CGCOM), Serafín Romero, en la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica. Se lo decía a los diputados: "Tienen una deuda moral con la sanidad y los sanitarios".

Esa deuda, a pesar de este gran premio, sigue ahí porque no hay nada que pague su esfuerzo, la entrega, el no mirar por uno si no por los demás, su emoción, su dedicación, su sacrificio, sus aplausos cada vez que daban un alta...

Han estado en primera línea de batalla, en una "guerra" que han afrontado sin munición, muchas veces desprotegidos y eso les ha pasado factura. A fecha de 29 de mayo, 63 sanitarios habían muerto del total de 51.482 contagiados por COVID-19.

Pero los ciudadanos de esta España emocional, de mucho besos, abrazos y cariños, de mucho hablar, no han pasado por alto la puesta en escena de estos profesionales que han dado una lección de entereza y saber estar a los políticos, una dura clase que esperemos no olviden en el recuerdo porque ni el sistema sanitario ni ellos merecen afrontar sin los medios necesarios otra "guerra" así.

Por Belén Escudero