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Diez millones de euros de inversión y la remodelación de un teatro se han convertido desde 2011 en cinco millones de espectadores y más de 3.500 representaciones sin síntomas de agotamiento: el musical "El Rey León" cumple hoy ocho años en la Gran Vía madrileña pulverizando todo tipo de récord.

El musical más taquillero de todos los tiempos, con más de 100 millones de espectadores en todo el mundo, ha incorporado al elenco de su novena temporada en el Teatro Lope de Vega a la mexicana Fela Domínguez (1989), para el papel de Nala, y a la sudafricana Lindiwe Mkhize (1976), para el de Rafiki.

Están "encantadas" de compartir una producción "tan bien hecha, tan precisa y con tantos valores" con intérpretes de otros 12 países, entre ellos España, Argentina, Angola, Sudáfrica, Brasil y Cuba, explican ambas en una entrevista con Efe.

"El Rey León" es una parábola ambientada en la sabana africana sobre el paso de la niñez a la madurez que saltó de la factoría Disney a los escenarios de Broadway en 1997, tres años después de estrenarse en el cine, al que, justamente, ha vuelto este año.

Mkhize y Domínguez creen que el éxito mundial del musical y de que sea el único que ha estado ocho temporadas completas, e ininterrumpidas, en la Gran Vía, es que se trata "de una historia universal", que habla de "amor, amistad e inclusión pero también de traición o de la capacidad de cambiar las cosas".

Todo ello ayudados de una música "excepcional" y muñecos articulados "que hacen su propia magia", dice la mexicana, que fue protagonista en España del musical "El guardaespaldas" en 2017.

Domínguez había interpretado en 2015 en México "El rey león" y ha puesto la voz al personaje de Nala en la versión doblada al español de la nueva película de Disney.

Para Mkhize, que ha interpretado durante más de una década el papel de Rafiki (mujer sabia) en la producción de este musical en el West End londinense, la versión española "es más cálida" y aunque no habla el idioma asegura que escucharlo "le lleva a otro nivel".

Hacen 8 funciones a la semana y eso significa "a lot" de trabajo y disciplina, un esfuerzo "tremendo" porque todo tiene que funcionar a la perfección con la máxima concentración: "yo me distraje un segundo en México, pisé el pie de una hiena y me lesioné", rememora Domínguez.

Antes de salir a escena, revela Mkhize, reza a Dios para pedirle "el mejor show posible", lo mismo que Domínguez, a la que, "invariablemente", a falta de dos minutos para actuar, le entra el pánico escénico y las ganas de salir corriendo.

Las dos están "enamoradas" de la ciudad y Domínguez destaca Madrid Central -"qué bien se respira ahora", dice- y, sobre todo, los atardeceres desde el Templo de Debod: "me pongo a llorar; no he visto nada igual".

"A mí lo que me más me gusta es el clima, aunque en agosto -cuando se incorporaron a la producción- hace mucho calor. La gente también es muy especial. Es una ciudad llena de restaurantes y ¡amamos los boquerones!", relata la sudafricana, madre de tres hijos, que viven en su país y en Londres.

"Están muy orgullosos de lo que hace su madre. Es una gran cosa para ellos. Les comentan en el colegio y ellos están felices y eso a su vez hace que yo me sienta muy orgullosa de ellos", añade.

La versión española, el séptimo idioma al que se tradujo la obra, pertenece a lo que se conoce en Broadway como "el club del millón", es decir los espectáculos que en una semana recaudan un millón de dólares, que ellos han superado ya en varias ocasiones.