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La pandemia se ha llevado por delante a uno de los últimos guarnicioneros tradicionales de Salamanca, Jesús González, de los pocos artesanos del cuero que realizaban a mano todo tipo de productos, de los únicos que hacían la mayor parte de los materiales utilizados en el sector de los toros.

Jesús González Escribano, a sus 57 años y después de 42 encerrado entre pieles que convierte en verdaderas obras maestras del cuero, ha decidido dar por terminada su profesión que comenzó cuando apenas se había iniciado en adolescencia.

"El bicho me ha dado la puntilla. Si no hay una corrida de toros, el torero no necesita productos del cuero, no requiere de unos botos, ni cajas de montera, ni fundones, ni zahones, ni esportones", ha lamentado ante Efe Jesús González, Chuchi entre clientes y amigos.

De un pequeño local, en una calle de escaso tránsito de Salamanca, pero cerca del centro, de entre sus paredes, repletas de plantillas, de hormas, de trozos de piel, de restos de cuero, han salido obras de arte guarnicionero, realizadas con la dedicación y sabiduría del viejo maestro artesano.

Jesús González ha utilizado una terminología taurina para mostrar su realidad, que le ha venido dada por una competencia industrializada que ha arrinconado al artesano, además de una pandemia que le ha acabado de "dar la puntilla", de "dar la última estocada".

Y ahora se abre un nuevo mundo laboral ante él, alejado de las pieles, de las viejas máquinas de coser que se agolpan entre las cuatro paredes oscuras de un local iluminado por una escasa luz procedente de dos fluorescentes que, por su apariencia, demuestran los años que llevan iluminando el trabajo de Jesús.

Mientras da los últimos repasos a unos botos de cuero que una clienta le ha llevado para que Chuchi le haga unos "pequeños apaños", ha relatado sus inicios, con 13 años, como aprendiz de un viejo artesano del cuero y que, 19 años después, le permitió quedarse al frente de un pequeño negocio de guarnicionería.

A lo largo de sus años la relación con el mundo de los toros ha sido intensa, como atestigua las fotos que tiene a la entrada de su local, con todo tipo de estrellas taurinas, con una gran parte de los grandes ganaderos del bravo.

Así, logró especializarse en hacer a mano cada boto campero, en cada botín o zapato de toreros y ganaderos, además de realizar los zahones de los que tanto presume: "Es una prenda de cuero que se lleva sobre los pantalones para cubrirlos, con las perneras abiertas y que están atadas por detrás de los muslos", ha explicado Jesús González.

"Todo lo que vendo lo hago a mano. Bueno, y con esas máquinas de coser que algunas tienen más de 100 años. Es un trabajo muy artesanal", ha relatado sentado en un taburete mientras también recuerda que por esas paredes han pasado toreros como todos el Niño de la Capea, Enrique Ponce, Javier Conde o Ivan Fandiño.

Y, a continuación, ha relatado cómo hacía su trabajo de la realización de un boto campero, desde que compraba la piel "en Villarramiel", hasta que la engrasaba, la modelaba y "medía el pie al cliente, le hacía el corte y, todo a mano, lo concluía", para venderlo en diferentes puntos de España, en sastrerías taurinas, y a países como México, Portugal o Francia.

"El virus me ha acabado de matar, me ha dado la puntilla a mi trabajo, al que ya venía sin la misma ilusión que hace años. Si tengo los mismos gastos y apenas ingresos, era difícil seguir así", ha afirmado.

Ahora, su vida estará entre otras paredes, aunque "en ningún momento me arrepiento de nada que he hecho en mi trabajo", ha indicado con orgullo Chuchi, mientras remata el boto que le había llevado una antigua cliente.

Ahora, "el boca a boca", del que presume haber utilizado como publicidad, ha servido para que el mundo taurino conozca que Jesús González Escribano ya no será el artesano del cuero, el guarnicionero que con mimo ha trabajado los botos, los zapatos y los útiles para torear.

Justino Sanchón