EFEMadrid

A pesar de que el filósofo Emilio Lledó asegura que, a sus 92 años, nunca había vivido nada igual a la crisis del coronavirus, considera que esta pandemia puede abrir la sociedad a la oportunidad de regeneración, de un nuevo horizonte de cultura y educación.

Eso sí, advierte en una entrevista con Efe, contra el exceso de informaciones reiterativas que "nos atontan" y pide a los políticos que tengan en cuenta que tienen "el bien de nuestra vida en sus manos".

Aislado en su casa por la pandemia, Lledó vive el confinamiento con la compañía de sus libros, de los que dice que oye el latido, porque son parte de su vida.

Pregunta (P).-¿Cómo está viendo la situación actual?

Respuesta (R).-Me encuentro bien personalmente en casa pero un poco asombrado de lo que está ocurriendo. A pesar de mi edad, que son muchos años, no he vivido nada parecido y eso que fui un niño de la guerra. Viví con diez años la guerra civil, he oído bombardeos, he visto muertos en las calles, gente herida, era espantoso... pero esto es otra cosa, muy extraña, que nunca que he vivido.

P.- ¿Y cómo lleva la soledad?

R.- No estoy solo porque tengo una compañía maravillosa que son los libros. No son libros de lujo, son los libros de mi vida, de mis estudios, de mi trabajo y cuando veo mi biblioteca y los libros que hay por mi casa recobro un poco mi vida.Me acompaña estos días en mi necesidad de entender. Los leo y los releo. Sin ellos sería más duro.

P.- ¿Vamos a ser iguales cuando salgamos de este confinamiento o habremos cambiado?

R.- Hay muchas cosas que tenemos que cambiar y a lo mejor esto nos lleva después a una oportunidad para encontrar un espacio de tranquilidad e ir hacia cosas verdaderas, no solo de codicia, de interés personal, del dinero... Esperemos que nos abra un nuevo horizonte de cultura y educación.

P.- ¿Qué encontraríamos en este horizonte de cultura y educación?

R.-Hay que luchar por unos cuantos ideales. Suena utópico pero tenemos que llegar a los ideales de la cultura y esos son la verdad, la justicia, la bondad y la belleza. Quien diga que es utópico, es absurdo, No podemos vivir en un mundo donde domine la maldad, la estupidez y la ignorancia inconsciente, introducida por informaciones absurdas .

Y esto que estamos pasando puede constituir una oportunidad de regeneración, en lugar de la degeneración que podríamos llegar a tener si no nos damos cuenta de algunas cosas.

P.- ¿Cómo se puede aprovechar esta oportunidad?

R.- Eso lo tiene que hacer la política y por eso es tan importante que no nos equivoquemos nunca en los que elegimos y no nos dejemos llevar por la mentira, por la falsedad o por la ignorancia. Un ignorante con poder es terrible.

P.- ¿Cómo lo están haciendo nuestros gobernantes?

R.- No me atrevo a juzgarlo porque como hay tanta información reiterativa.... Ahora podemos estar desorientados por el exceso de información. Es importante que haya información pero hay a veces un exceso. Sobre la clase política se puede discutir quienes son mejores o peores, pero lo importante es que se den cuenta de que tienen el bien de nuestra vida en sus manos.

En los clásicos, en "La política" de Aristóteles y en "La República" de Platón, se plantea que a lo mejor los políticos no pueden ser felices porque su vida era darse a los demás.!Fíjese qué maravilla!. !Hace 24 siglos!. El político tiene que ser decente . Es obvio y elemental, pero muy importante.

P.- ¿La solidaridad espontánea que se ha visto en la sociedad en estos momentos ha sido algo puntual?

R.- La solidaridad espontánea me ha hecho sentir orgullo. Hay un texto de Machado que habla de la sabiduría del pueblo que en determinados momentos merece una clase dirigente mejor. Ese brote de solidaridad que ha habido ahora es un ejemplo y tenemos que establecer unos ideales de solidaridad, de cultura, de educación y de libertad para el futuro.

Después de este mal, la lucha por la verdad y la justicia debe ser un horizonte que no se debe enturbiar con nada y por eso es tan importante la función de los políticos.

P.- ¿Hay peligro para la libertad?

R.- Ahora todo el mundo habla solo de la libertad de expresión. Qué duda cabe que es muy importante pero la que tenemos que mantener sobre todo es la libertad de pensamiento. Si solo decimos idioteces o estupideces o expresamos nuestra propia ceguera ¿para qué sirve la libertad de expresión?.

Los clásicos nos enseñan el horizonte hacia el que tenemos que tender: el de la cultura y la libertad mental. No soy un moralista pero hay que tener unos ideales de justicia, de verdad; sin eso no se puede vivir. El ideal del egoísmo nos lleva a una oligarquía democrática.

P.- ¿Hay que enseñar estos ideales?

R.- Si volviera a nacer me gustaría ser maestro de escuela. He sido profesor de instituto y de Universidad, pero me gustaría enseñar a los niños la libertad.