EFEGuadalajara

A los vecinos de la comarca del Señorío de Molina (Guadalajara), donde se llevan registrando las temperaturas más bajas de España en los últimos días con mínimas de hasta -25 grados, no les asusta el frío, pero reconocen que una nevada como la que ha dejado Filomena no la conocen ni los más ancianos del lugar.

En esta zona de la provincia de Guadalajara colindante con Teruel conviven con la nieve de forma habitual en invierno, pero los espesores de más del triple de los tradicionales, sumados al hielo por las bajas temperaturas de estos días, hacen de la situación algo excepcional.

Aunque eso no ha impedido que el pan llegue a los municipios, como relata a Efe Andrés Montaldo, panadero de Orea (Guadalajara), que reparte en municipios de la provincia vecina y que estos días no ha faltado a la cita a pesar de Filomena.

“He salido con más dificultad, tardando tres horas en recorridos que hago en 35 minutos y en alguna ocasión gracias a la ayuda de la Guardia Civil, pero he podido repartir todos los días pese a que las quitanieves no han aparecido mucho”, afirma Montaldo, que sabe lo que es el reparto en esta zona y cuenta con un vehículo con tracción integral y ruedas de nieve.

“La situación en el pueblo, Orea, es complicada. El camión que sirve el gasoil no puede subir y estamos llevando comida a la gente mayor a sus casas”, explica este panadero.

Y es que, si Filomena ha colapsado varias capitales de provincia, incluida la capital de España, que aún este miércoles acumulan nieve en sus calles que las hacen intransitables, en esta zona de España, la ya conocida como España vaciada, los medios son más precarios y han tardado en llegar pese a que sus vecinos son previsores.

Es el caso de Milmarcos (Guadalajara), un pueblo que no llega al centenar de vecinos y que ha estado domingo y lunes incomunicado, tal y como señala Minerva Embuena, propietaria de la única tienda del municipio y de la zona que confía en poder salir este miércoles hasta Calatayud (Zaragoza) y Molina para abastecerse de género.

“He abierto todos los días salvo el martes, que suelo cerrar para desplazarme a comprar el género y ayer fue imposible. Hoy creo que, con el sol que ha salido, podré acercarme esta tarde para reponer productos de primera necesidad que ya no tengo, como macarrones o leche”, explica esta comerciante cuyo establecimiento no sólo abastece a los vecinos de su municipio sino a muchos otros de la zona ya que la siguiente tienda más cercana está en Molina de Aragón.

“Esta mañana han venido los vecinos de Fuentelsaz, pero los de Labros no han podido”, afirma Minerva quien señala que están acostumbrados a que nieve pero espesores de 10 ó 20 centímetros, tres veces menos que en esta ocasión, que se ha agravado con las bajas temperaturas que dejaban esta noche pasada -17 grados en el municipio.

“El pan me lo traen desde Aragón y el sábado le fue imposible llegar, ni con cadenas ni nada. Cuando la nieve te cubre la rueda, es imposible mover el coche”, explica esta vecina de Milmarcos que asegura que en el pueblo se preparan cada año para las inclemencias de este tipo.

“Aquí tenemos todos pala y sal. El Ayuntamiento, antes de que empiece el invierno, reparte un saco de sal entre los vecinos de más edad directamente en sus domicilios y habilita el almacén de sal para que el resto vayamos a abastecernos”, explica Minerva que calcula que la nieve helada tardará semanas en quitarse.

“Aquí nevó el día 1 de enero y pasaron las quitanieves y no hubo problema pero esta cantidad. Han contratado maquinaria de construcción para despejar las calles, pero la nieve acumulada por metros tardará en irse”, augura.

De la misma opinión es Elena Martínez, del restaurante Corrinche en Alcoroches, quien sostiene que “el problema es el hielo”, y señala que tractores de vecinos del municipio están limpiando las calles donde hay gran cantidad de nieve acumulada.

Desde que empezó a nevar no han podido subir al pueblo a abastecerse, aunque si bien han abierto todos los días, "salvo los cuatro vecinos que vienen a echar el café, el restaurante nada. Damos enero e incluso febrero por perdido”, señala esta hostelera que entre la pandemia, con la limitación perimetral y ahora el temporal, ven la situación difícil.

Por Beatriz Retuerta de Lucas