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La modesta bombona de gas es estos días algo así como el papel higiénico de Marruecos: el producto más solicitado y más codiciado, el que crea comportamientos compulsivos y que tiene al país en vilo por lo que pueda durar la pandemia del coronavirus.

Las imágenes llegadas de todo el mundo de colas en los supermercados, más las sucesivas medidas de restricciones tomadas por Marruecos para frenar la propagación de la COVID 19 provocaron un pánico generalizado en el país magrebí de que desaparezca el gas butano, el objeto más codiciado cada vez que se produce una crisis.

La compra masiva de bombonas por los ciudadanos que se pusieron a almacenarlas ha contribuido a hacer escasear este producto vital en el mercado y a perturbar la cadena de distribución.

Tan es así que los ministerios de Energía y de Interior acaban de emitir una circular que prohíbe de que se compre más de una bombona por cada cliente, quien debe justificar su compra con una botella vacía.

En las casas marroquíes el butano alimenta la cocina y el agua caliente del baño, y son contadas las familias que disponen de cocinas eléctricas.

Tener al menos dos bombonas de gas en cada casa es imprescindible, y muchas familias guardan siempre una bombona suplementaria de recambio ante cualquier imprevisto.

Pero la situación excepcional generada por el coronavirus hizo que una bombona de recambio ya no se vea como suficiente.

¿Quién habría pensado que el paso cotidiano, rutinario, casi invisible del camión del butano para repartir las botellas entre las diferentes tiendas de barrio se convierta en la cita más esperada por los ciudadanos?.

Y así, es llamativo que nada más llegar el esperado camión del butano, muchos vecinos se abalanzan sobre él para hacerse con una bombona, sin esperar el orden cotidiano de las cosas en las que las bombonas deben pasar primero por manos del tendero.

Fatima, vecina de Rabat, cuenta que dos días antes de decretar el estado de alarma sanitaria en todo el país dedicó una tarde entera para buscar "este oscuro objeto del deseo".

"Con la bombona vacía en el maletero de mi coche, recorrí tienda por tienda los distintos barrios de Rabat y de la ciudad vecina de Salé hasta que por fin me topé en mi camino con el camión distribuidor y no me despegué de él hasta conseguir mi presa", cuenta.

Si bien la situación creada por el coronavirus en Marruecos (que tiene actualmente registrados 170 infectados y 5 muertos) ha ido acompañada con una fuerte demanda de varios productos de primera necesidad (concretamente harina, aceite, té, legumbres junto a otros), nada ha sido comparable a la obsesión del butano.

Muchos vecinos no han dudado en almacenar bombonas sin la menor seguridad pese al riesgo que supone, hasta que el gobierno puso límite.

Para tranquilizar a la ciudadanía, el ministro de Energía y Minas, Aziz Rebbah, visitó los pasados días la planta de almacenamiento del butano en Mohamadía (sur de Rabat) y aseguró que su país tiene una autonomía de 40 días para responder a la necesidad nacional del butano, importado en casi su totalidad desde el extranjero.

El gas butano constituye un termómetro de paz social en Marruecos y es uno de los pocos productos (junto a la harina y el azúcar) que quedan subvencionados por el Estado tras haber eliminado progresivamente las demás ayudas públicas en los últimos años.

Para los Presupuestos de 2020, el gobierno marroquí destinó 13.600 millones de dirhams (1.200 millones de euros) para subvencionar estos productos de primera necesidad.

Según cifras oficiales, el consumo nacional marroquí del gas butano supera los 2 millones de toneladas al año, de los que el 85 % se consume en forma de bombonas de 12 kilos, que cuestan 150 dirhams (14 euros) en una primera compra, mientras que su recarga se paga a 45 dirhams (4 euros), la mitad de su precio real gracias a la subvención.

Fatima Zohra Bouaziz