EFELondres

Fue un complot colombiano, un descuido por parte de Bobby Moore o una broma de un compañero que acabó muy mal. Cincuenta años después, nadie sabe qué ocurrió en realidad con la pulsera de Bogotá que supuestamente robó el capitán inglés, un incidente que estuvo a punto de crear un conflicto internacional entre el Reino Unido y Colombia.

En una semana de mayo como esta, la selección inglesa, vigente campeona del mundo, se hospedaba en el hotel El Tequendama en Bogotá, antes de jugar un partido amistoso contra Colombia. El Mundial de México comenzaba en unos días e Inglaterra se preparaba para la altitud con compromisos en escenarios como Quito y Bogotá.

Moore, capitán de aquella selección, se adentró en la joyería Fuego Verde, ubicada dentro del hotel, junto a Bobby Charlton, que había visto en el escaparate un anillo que le llamó la atención y que pensó en regalar a su esposa.

"Vi un anillo en el escaparate y como no tenía el precio puesto, decidí entrar y preguntar", explicó Charlton a la policía, según revelaron unos informes desclasificados a principios de siglo.

En la joyería estaba Clara Padilla, quien les atendió.

"Una chica joven sacó el anillo y lo trajo para nosotros. Para sacarlo tuvo que abrir una pequeña puerta de cristal. Hablamos sobre el precio, pero era demasiado caro y nos fuimos. Habríamos estamos en la tienda cinco minutos como mucho", apuntó Charlton.

Ahí comenzó el lío. Padilla se dio cuenta que faltaba una pulsera valorada en 625 libras (de la época) y señaló a los dos futbolistas ingleses como los autores del hurto.

"Yo seguro que no vi una pulsera con diamantes y esmeraldas incrustadas. Eso me habría llamado la atención", testificó Charlton.

Eso daba igual. El dedo acusador les apuntaba a ellos, especialmente a Moore.

"Todo aquella parece surrealista. El capitán de Inglaterra, acusado de robar una pulsera, cuando podría permitirse comprar la tienda entera. No tenía sentido desde el principio", dijo el entrenador de Inglaterra, Alan Ramsey.

Los jugadores fueron sometidos a un pequeño interrogatorio del que nada se sacó en claro. Los futbolistas fueron liberados y todo pareció olvidado. Ni siquiera la prensa inglesa pareció dar mucha importancia al incidente.

Los ingleses vencieron con comodidad a Colombia en el amistoso de aquella noche (4-0). Mientras el balón rodaba, entre bastidores la historia de la pulsera no estaba zanjada.

La embajada británica fue presionada por el supuesto robo y Moore, a la mañana siguiente del encuentro con Colombia, fue requerido para otro interrogatorio. Esta vez también físico, puesto que le midieron la muñeca para saber si podría haber sustraído él la pulsera del estante donde estaba. La prueba dio negativo, su muñeca era demasiado grande.

¿Asunto zanjado? Por supuesto que no.

Los ingleses se marcharon a Quito para jugar contra Ecuador, apenas a siete días de distancia del Mundial. Ganaron 2-0 y estaban preparados para por fin aterrizar en México, sin embargo, ese último viaje incluía un transbordo de varias horas en Bogotá.

Se decidió pasar esa brecha de tiempo en el mismo hotel en el que se habían hospedado días antes, El Tequendama. La leyenda cuenta que mientras los futbolistas veían una película, la policía llegó para arrestar a Moore. El caso no estaba cerrado.

Un nuevo testigo, un vendedor de la calle, mantenía, de forma cuestionable que había visto a Moore coger la pulsera. El rumor era que el dueño de Fuego Verde, la joyería en cuestión, le había ofrecido dinero por contar tal versión.

El caso es que Moore fue arrestado, sometido a un exhaustivo interrogatorio y finalmente declarado culpable. Mientras sus compañeros embarcaban rumbo a México, el capitán se quedaba en suelo colombiano sin saber qué ocurriría a continuación.

"Moore se encuentra arrestado en la casa del presidente de la Federación de fútbol colombiana (que salió en su ayuda y evitó que fuera a una cárcel marginal). Dos policías le custodían". De esta manera abrió el diario británico The Guardian su edición del 27 de mayo de 1970.

La prensa británica clamó contra el daño que suponía esta especie de complot a tan solo unos días de comenzar la defensa de su título ante Rumanía.

Se sucedieron los juicios, pero los testigos de la acusación no se sostenían. Ni el vendedor ni Padilla dieron versiones que no se tambaleasen y mientras Moore simpatizaba con sus guardias en la casa del presidente de la federación colombiana, el caso se aclaraba. A ello ayudó también la intervención del primer ministro británico, Harold Wilson, que se jugaba en unas semanas su reelección.

Cuatro días antes del debut mundialista, Moore fue declarado inocente por falta de pruebas y salió rápidamente hacia México, donde su selección llegaría hasta los cuartos de final, apeados por Alemania Federal, no sin antes dejar Moore un recital ante la Brasil de Pelé en la fase de grupos.

El capitán, poco antes de su muerte en 1993, confesó a su biógrafo, Jeff Powell, que probablemente todo este incidente surgió por "una broma de algún chico joven del equipo que terminó muy mal".

Los informes desclasificados apuntan a que pudo ser una mujer quien robó la valiosa pieza.

La realidad es que cincuenta años después nadie sabe quién robó aquella pulsera. Cincuenta años después ni siquiera nadie sabe si esa joya llegó a existir en algún momento.

Manuel Sánchez Gómez