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La revolución en el vestir no ha sido cosa de diseñadores, sino de mujeres rebeldes y valientes que han sabido utilizar la moda como un arma con la que batir normas y estereotipos que reafirmen su independencia e igualdad. "A base de golpes en la mesa, las mujeres han hecho que la moda femenina cambie", asegura Laura Castelló, autora de "Vestidas para la revolución" (Lunwerb).

"Gracias a ellas, el 'quién lleva los pantalones' ya no es solo una expresión símbolo de poder masculino, pertenece también al universo de la mujer", ha dicho a EFE Castelló, que repasa en un libro ilustrado los movimientos sociales que han hecho evolucionar la indumentaria femenina desde la Revolución Francesa con "las maravillosas", mujeres que reclamaban la vuelta al Antiguo Régimen a través de una apariencia excéntrica, hasta el nuevo "genderless", la moda sin género.

La mujer ahora viste como le da la gana, pero durante siglos se le prohibió ponerse determinadas prendas, sin embargo "han dado un golpe en la mesa y se han puesto los pantalones", dice la ilustradora al tiempo que recuerda que en los años 20, "las garconnes se opusieron a las barreras estéticas de género y se vestían como hombres para ser tratadas como tales".

Antes, en el siglo XIX, las actrices de los espectáculos de burlesque rompieron con el conservadurismo, "eran liberales, desinhibidas y rompedoras".

La historia está llena de ejemplos de cómo, las mujeres de diferentes épocas lograron con la ropa reclamar ciertos aspectos feministas. En los años 30 las "sinsombrero" mujeres intelectuales de la generación del 27 que lucharon por hacerse un nombre en unas circunstancias sociales e históricas nada favorables.

Estas mujeres en una manifestación en la madrileña Puerta del Sol se quitaron el sombrero porque les comprimían las ideas, de ahí, "las 'sinsombrero', un nombre reivindicativo" añade la ilustradora valenciana, nacida en 1983.

Muchos cambios estéticos responden "a un cambio de mentalidad, a un movimiento contraculural", añade Castelló, quien destaca a las mujeres sufragistas que "tenían un código de vestimenta en morado, verde y blanco".

También las "chicas topolino", que vestidas con falda ajustada por debajo de la rodilla y zapatos de tacón y puntera abierta, rebosaban feminidad y sensualidad durante el franquismo.

Las "teddy girl", británicas de los años 50, se uniformaban como estrellas del rock and roll "para romper convencionalismos sociales y luchar por sus aspectos feministas".

Por esa época, las "pin ups" eran famosas en Estados Unidos, hoy en día muchos las ven "como una sexualización y cosificación de la mujer, con el único fin de deleitar la vista", dice Castelló, quien cree que no siempre fue así, "en sus inicios fueron símbolo de liberación de la sexualidad femenina".

La década de los sesenta son años de efervescencia cultural, sobre todo en Inglaterra, es el momento de las "swinging", "mujeres hedonistas, optimistas y modernas" que bailaban con The Beatles, vestían minifalda, botas "gogo", medias de colores o prendas con estampados psicodélicos.

La juventud, la identificación con el grupo y la oposición al statu quo son algunas de las características de las subculturas, entre ellas las de las "sukeban", pandilleras japonesas que nacieron en los 70 y que vestían uniformes escolares "para hacerse notar y como identificación dentro de un grupo", explica la autora.

La quema de sujetadores alumbra la época "hippie", años en lo que la mujer consiguió dar grandes pasos hacia la liberación. Los diseños "punk", impregnados con el espíritu contestatario de Vivienne Westwood no dejaron a nadie indiferente, "fueron decisivos en la lucha por los derechos de las mujeres".

Ahora, cuando triunfa el "body-positivity" -positividad corporal- y la moda sostenible, los jóvenes no se acerca a la ropa con la idea de "romper con algo", prefieren sumarse a corrientes, "hay conservadurismo extraño", añade la ilustradora que quiere ser optimista y recuerda que los movimientos más potentes y creativos han nacido "tras épocas de oscuridad, crisis y depresiones".

Carmen Martín