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En un granero familiar de Carolina del Norte (EEUU) se encontraron cientos de negativos que retrataban los personajes más diversos de los años cincuenta estadounidenses, una obra del fotógrafo de Hugh Mangum (1877-1922) que se expondrá por primera vez en Europa en una galería madrileña.

Los más de 900 negativos encontrados fueron donados a la Universidad de Duke y llegaron a las manos de los catedráticos Alex Harris y Margaret Sarto, quienes tras horas de visionado y digitalización de las imágenes compusieron la colección 'Where We Find Ourselves'.

La exposición, que comprende una veintena de estos negativos, llega este viernes a Madrid a la galería Cámara Oscura, dirigida por Juan Curto, y permanecerá hasta el próximo 28 de marzo.

"Es un proyecto de arqueología fotográfica", así define este proyecto Curto, quien ha explicado a Efe que apenas había detalles biográficos de este fotógrafo de retratos, que se atrevió a "romper con los estereotipos de la época".

La vida de Mangum se enmarcó durante los años de las leyes de segregación racial Jim Crow en el sur de Estados Unidos, cuando este fotógrafo viajó de pueblo en pueblo por los estados de Carolina del Norte y Virginia, desde 1890 hasta 1922, para retratar a personas negras, blancas e indígenas de diferentes edades o estatus sociales en estudios improvisados.

“Los retratos de Mangum contrastan con el estándar de las fotografías de facciones rígidas que se observan en los retratos de esta época porque muestran una gran variedad de gestos y emociones”, comenta Curto.

Estas fotografías cuentan con una valor estético añadido: la cámara utilizada, una Penny Picture, que permitió a Mangum crear novedosos retratos al poder fotografiar varias personas dentro de un mismo negativo.

Así, se configuró una composición narrativa en la que se refleja la diversa clientela que circuló por su estudio. Personas blancas y negras aparecen en la misma fotografía, unas al lado de las otras, en el mismo espacio, algo que no podía suceder en la realidad.

En otras ocasiones, Mangum creaba una doble exposición -fusionar dos tomas en una- en la que conjugaba diversas imágenes en una sola fotografía.

Los retratados muestran un aura de normalidad en la que “nadie estaba pensado si lo que estaba haciendo era bueno o malo” y tampoco puede saberse “con certeza” su relación con los fotografiados ya que “apenas hay registros".

"La biografía de Mangum y la información sobre su proceso creativo es casi inexistente, ni siquiera se puede saber si sus fotografía tenían una carga política contra la ley de segregación racial”, señala Curto.

Con el paso del tiempo, los negativos de cristal se han degradado y presentan revelados agrietados o con emulsiones corroídas que aportan matices de color y, según Curto, se han mantenido para presentar "la fragilidad del pasado y cuando la vida humana se pierde en la historia".

Tras su muerte inesperada en 1922 a la edad de 44 años, los negativos en blanco y negro en placas de cristal de Mangum quedaron olvidados en el granjero familiar y tras su fortuito descubrimiento ha sido denominado como "el fotógrafo que unió América".

Curto ha comentado que se ha generado una "especie de fiebre" por descubrir "nuevos fotógrafos desconocidos en la historia", en los que algunos son "irrelevantes pero también aparecen joyas".

Otro ejemplo de ello es la fotógrafa Vivian Maier (1926-2009), niñera de oficio y retratista anónima hasta que poco antes de morir emergió su legado.

Ana Márquez