EFEBelgrado

La artista Marina Abramovic, conocida como la reina del 'performance', vuelve a exhibir en Belgrado, su ciudad natal, por primera vez desde 1975, para presentar las obras de más de 50 años de su carrera, que comenzó justo en esta capital.

Más de 120 pinturas, dibujos, objetos, fotografías, documentos de audio y vídeo y filmes se exhiben desde este sábado y hasta el 20 de enero en el Museo del Arte Contemporáneo de la ciudad.

La artista inauguró la muestra con una rueda de prensa en el momento de la salida del sol, a las 6:23 horas (local), porque para ella, el amanecer supone un momento de limpieza, según explicó.

"The Cleaner" (El limpiador) es precisamente el título de la exposición que se inauguró en 2017 en Suecia y cuya última estación es Belgrado, tras recorrer Dinamarca, Noruega, Alemania, Polonia e Italia.

El título es "una metáfora de la limpieza del pasado, de la consciencia, una limpieza espiritual y mental de las obras para mostrar al público su valor", explicó Marina Abramovic en la rueda de prensa.

La artista señaló que no le gusta el concepto de retrospectiva por sugerir una próxima muerte de un artista o su jubilación, pero descartó lo último, al aseverar que seguramente morirá trabajando, "sin renunciar nunca al trabajo".

La exposición sigue de forma cronológica las fases de su carrera, desde las pinturas (1960-1969) y los trabajos tempranos de la performance (1970-1975) al trabajo conjunto con el artista alemán Ulay (1976-1988) y su carrera individual (1991-2017).

Incluye obras antológicas como la serie Ritmos, Lips of Thomas, Barroco balcánico o La artista está presente, esta última realizada en 2010 en el en MoMA (Museo de Arte Moderno) en Nueva York, donde Abramovic estuvo sentada inmóvil en una silla un total de 700 horas durante tres meses y miraba a los ojos a los visitantes.

Abramovic afirmó hoy que ser una estrella para ella supone ante todo responsabilidad y señaló que "el éxito llega y pasa".

"Un artista nunca debe ser el ídolo de sí mismo. El trabajo es lo más importante, debes darlo todo a tu trabajo", dijo.

Un consejo de Abramovic para artistas jóvenes es "seguir a sí mismo, a su propia idea, estar preparado para el sacrificio" y "no temer a nada y a nadie".

Y a quienes optan por la 'performance' aconseja "no actuar, porque actuar pertenece al teatro, y en la performance se debe estar aquí y ahora, con cuerpo y alma" ante el público.

Las 'performance' de Abramovic ponen a prueba los límites del aguante físico y psíquico del cuerpo como herramienta principal, objeto y sujeto de su obra.

En el legendario Ritmo 5 (Belgrado, 1974), hasta ahora conocido de fotografías y presentado en esta exposición por primera vez en un vídeo que se consideraba perdido, la artista está tendida en el marco de una estrella de cinco puntas incendiada y pierde la conciencia por los gases de la combustión.

En Ritmo 0, una de las obras con más repercusión, invitaba al público usar sobre o contra su cuerpo objetos disponibles en una mesa, desde flores y pintalabios a un cuchillo, hojas de afeitar, un hacha y hasta una pistola cargada, que un visitante acabó colocándole en la garganta.

Durante la retrospectiva en Belgrado, artistas serbios y extranjeros repetirán algunas de las 'performance' históricas de Abramovic, entre otras algunas que ella realizó en esta ciudad hace más de 44 años.

Abramovic nació en Belgrado en 1946 en la familia de partisanos comunistas y, según dijo hoy, heredó de su padre "el coraje", de su madre "la disciplina y la voluntad" y de su abuela "la espiritualidad", como rasgos importantes de su carácter.

Indicó que ser una mujer nunca ha sido un obstáculo en su carrera porque "el arte no tiene sexo".

"El arte sólo puede ser bueno o malo, nada más", declaró.

Al inicio de su carrera, Abramovic se dedicaba a la pintura, pero pronto mostró interés por el arte conceptual y la 'performance' y ya en la primera década de 1970 ya actuaba en Belgrado y en otras ciudades europeas.

En 1975 abandonó Yugoslavia y empezó una carrera internacional de gran repercusión.

Para celebrar su regreso, el Museo de Arte Contemporáneo ha adaptado sus cinco plantas, con una fachada acristalada que ha tenido que ser oscurecida para poder ofrecer los vídeos en monitores de grandes dimensiones, un trabajo por el que el edificio había estado cerrado desde julio.

Snezana Stanojevic