EFEMilán (Italia)

"Milán está viva" es la frase que se escucha hoy en muchos lugares de la capital de Lombardía y que responde al imperioso deseo de recuperar la normalidad tras varios días de restricciones y cierres por la emergencia del coronavirus.

Desde hoy los milaneses pueden volver a disfrutar de costumbres tan arraigadas como tomar un "aperol spritz", el aperitivo más italiano, a partir de las 6 de la tarde, gracias a la flexibilización de la ordenanza sanitaria de lucha contra el virus de Wuhan.

La expansión de esta epidemia, que ha situado a Italia como el país más afectado de Europa y a Lombardía como el principal foco - con más de 300 de los 528 casos nacionales- llevó a las autoridades regionales a emitir el pasado fin de semana una ordenanza que está ahogando la economía.

Además del cierre de museos, de teatros como la Scala, de gimnasios, y la cancelación de eventos de todo tipo, la directiva implantó lo que los medios italianos han definido como una especie de "ley seca", el cierre a partir de las 18.00 horas de bares y pubs, y el cierre total de discotecas y clubes.

Pero ahora la directiva se ha flexibilizado después de las protestas de los empresarios del sector y el llamamiento del alcalde de la ciudad, Giuseppe Sala, al gobierno para no dejar morir a Milán.

"Mataron el trabajo, sembraron el pánico, yo tengo dos niños en casa y no sé que hacer", dice a Efe Andrea, uno de los encargados del Café Duomo, situado en pleno centro frente a la catedral, en referencia al cierre también de las escuelas.

"Desde esta noche ya podemos permanecer abiertos a partir de las 18.00, a la gente le gusta tomar el aperitivo antes de regresar a casa, pero solo podemos servir las bebidas a los clientes en mesas, no se permite que la gente se quede de pie en la barra", comenta, para añadir que encuentra absurda la norma.

Un motivo de alivio, sin embargo, para estos locales que habían tenido que cerrar sus puertas, no así los restaurantes que no han sufrido estas restricciones.

El presidente de la región de Lombardía, Attilio Fontana, ha explicado en su Facebook que el motivo de esa norma es "limitar las situaciones que congreguen a mucha gente junta en el mismo lugar".

El propio Fontana se encuentra desde ayer cumpliendo una cuarentena voluntaria después de que una estrecha colaboradora diera positivo en el coronavirus.

Aunque la ciudad está inusualmente vacía por la huida masiva de turistas, y restauradores o taxistas lamentan la falta de clientes, el deseo de normalidad de los milaneses se mide a simple vista por la disminución drástica del número de personas que llevan mascarillas respecto a los días anteriores.

La gran mayoría de las personas que se pasean con nariz y boca cubiertas son turistas chinos u otros asiáticos, en lo que parece más bien una protección frente a los prejuicios.

Los tradicionales tranvías, que forman parte del paisaje milanés, van casi vacíos, pero las pocas personas que suben tampoco van cubiertas.

El alcalde de Milán había lanzado la voz de alarma cuando dijo que "a nadie le gusta Milán con las luces apagadas, debe volver a ser una ciudad abierta lo antes posible".

"Me he puesto al teléfono con Roma, he hablado con el primer ministro (italiano, Giuseppe Conte), le he invitado a venir rápido a Milán para que se de cuenta en persona de nuestra situación", dijo ayer miércoles el regidor.

Un día antes, el martes, Sala anunció la "dolorosa decisión" de que se aplazaba el Salón del Mueble de Milán, previsto para el próximo mes de abril, hasta junio (del 16 al 21).

El evento, que debe congregar a unos 2.200 expositores mundiales, es una de las ferias más importantes de la ciudad.

Sala agradeció como "una prueba de confianza" el hecho de que se aplace pero no se anule porque -dijo -"debemos trabajar para que este virus no se expanda, pero tampoco se debe expandir el virus de la desconfianza. Milán debe ir adelante".

Donde no parece que se haya recuperado la confianza es en la Bolsa, que hoy caía un 3 % unas dos horas antes del cierre.

El alcalde también está tratando de que pueda flexibilizarse el cierre de museos y otras actividades culturales.

"Reabramos algo, empecemos por los museos o cualquier otra cosa, pero la cultura es vida", dijo en Instagram al informar de que así se lo había pedido al ministro de Cultura, Dario Franceschini.

Mientras, el gobierno regional ha dicho que en los próximos días se tomará una decisión sobre el cierre de los colegios siempre que la evolución de los contagios así lo permita.

Donde no podrá ser relajada la norma de momento es en la llamada "zona roja", los diez pueblos de Lombardía que están aislados y en cuarentena por ser el principal foco y donde surgió el primer paciente de coronavirus.

Virginia Hebrero