EFEBogotá

Las preguntas sobre la vida cambiaron para la ciclista Paula Andrea Ossa Veloza el día de su renacimiento.

El 29 de abril de 2014 volvía a casa de un entrenamiento cuando un camión de 28 toneladas de peso la embistió y puso su existencia en el limbo.

Tras el brutal impacto, la joven de 57 kilos chocó con otro vehículo y, al rebotar, quedó con su bicicleta debajo del camión.

Apenas 35 días antes, el 25 de marzo, había cumplido 22 años.

"¿Por qué a mí? ¿Por qué me pasó esto?", se preguntó al sentir que su vida, como moneda lanzada al aire, caía en picada mientras las caras de la felicidad y la tragedia daban vueltas aleatorias.

"Sentí que estaba reventada por dentro. Quedé boca abajo, con un brazo debajo de mi pecho y el otro estirado", recordó en una entrevista con Efe la joven cuya vida deportiva había comenzado con el patinaje a los 9 años y, desde 2009, se debía al ciclismo de pista.

A pesar de la gravedad de las lesiones, estuvo consciente para observar los hechos extraordinarios que siguieron.

De la nada llegó un hombre que la confortó. "Recuerdo su voz, no su imagen. Me dijo que estuviera tranquila, que todo iba a estar bien. Con mi mano estirada, le tomé la suya y le dije: perdóneme si lo agarro fuerte pero es que necesito sentir que estoy viva".

Oraron hasta que una ambulancia los separó para siempre.

Al hospital llegó con la pelvis y el sacro destruidos y el glúteo desprendido del hueso.

"Estaba cansada pero me daba miedo pensar en que si dormía no volvería a despertar. Solo cuando me iban a anestesiar para ser operada pensé: Diosito, hice todo lo posible para llegar hasta aquí. Estoy en tus manos. Si tengo que irme, dale fuerza a mis padres".

Los médicos declararon que habían hecho lo humanamente posible para prolongar dos horas la vida de la campeona nacional juvenil de pista en 2010 y subcampeona nacional elite del año siguiente.

Cuando ya se agotaba el tiempo, un doctor explicó a la madre que lo último que pierde el ser humano es el oído, y que la conexión más fuerte en el mundo es la que hay entre la progenitora y su hijo.

"Necesitamos que le hable al oído. Es lo que queda", recomendó.

"Era prácticamente como una despedida. Mi madre me contó que me dio un beso en la frente y me dijo que al hospital habían llegado familiares y amigos, todos con fe. Fue como un milagro", dijo ella.

La familia Ossa Veloza puede presumir de que en esas angustiosas horas ganó un duro pulso a la muerte con amor y fe.

Los médicos dijeron que tardaría ocho meses para volver a caminar pero ella necesitó tres para comenzar a dar pasos con unas muletas.

"Aprendí entonces que las preguntas correctas sobre nuestra existencia pasan por un para qué: ¿para qué me pasó esto? ¿Para qué Dios me dio una oportunidad de vivir?".

A los ocho meses subió de nuevo en una bicicleta.

Después de siete cirugías volvió a competir. Ganó bronce en velocidad por equipos en los Juegos Nacionales de noviembre de 2015.

La medalla la atesora con orgullo el doctor Leonardo Pinzón, el hombre que llevó a buen puerto su sorprendente recuperación.

Pero el accidente le dejó dolores crónicos y lesiones en los nervios, una factura de cuantía menor para quien estuvo a punto de perecer aplastada por un camión.

Un día sintió que su desempeño no sería el mismo en el ciclismo convencional y con lágrimas colgó la bicicleta para dedicarse a su carrera de Administración de Empresas.

En 2016 tocó a su puerta el entrenador José Gabriel Castro, seleccionador colombiano de ciclismo paralímpico.

"Me quiso convencer, hasta habló con mis padres, pero varias veces le dije que no. No creía y no asimilaba que fuera una persona que tenía una limitación física", admitió.

Castro se encargó de hacer llegar la historia clínica de Paula Andrea a la sede de la Unión Ciclista Internacional (UCI) en Suiza.

"A finales de 2016 la UCI me aceptó en el sistema paralímpico pero tenía que someterme a un examen para saber en qué categoría quedaba", declaró.

En mayo de 2017 la colombiana fue clasificada C5, que agrupa a personas que tienen menos discapacidad. Si cada abril desde 2014 celebra su renacimiento, hace un año volvió a la vida deportiva.

En la Copa Mundo de Italia ganó medalla de bronce en ruta. Una presea que dedicó a su madre y al obstinado entrenador que no sabe de puertas cerradas y le ayuda a seguir soñando y ganando.

En el Mundial de ruta de agosto pasado fue quinta en la prueba de ruta y sexta en la de contrarreloj.

En el Mundial de pista de marzo en Italia fue sexta en la final de 200 metros y se erigió como subcampeona mundial en la prueba del scratch, el logro más grande que ha cosechado.

No parece tener límites. Ha comenzado su preparación para ganarse una plaza en los Juegos Paralímpicos de Tokio.

¿Quién la baja de su próximo sueño?

"He aprendido que en la vida nada es fácil, siempre tendremos obstáculos. Algunas cosas tardarán en llegar pero si estamos aquí es por algo. Hay un qué y un para qué. Cuando por fin lo entendemos, estaremos más cerca de lo que queremos", puntualizó.

Hernán Bahos Ruiz