EFELisboa

Sin debate sobre la UE, que defiende el 70 % de los portugueses, la cita de este domingo se entiende como una prueba de fuerza para el primer ministro, el socialista António Costa, que tiene dos metas: volverse clave en futuras alianzas de Bruselas y ensayar la victoria para las legislativas de octubre.

Es la principal conclusión de los análisis que trufan los periódicos lusos, teniendo en cuenta que desde el principio las europeas se han visto como un examen de popularidad de los líderes de partidos más que de los propios cabezas de lista.

Sobre la propia Unión Europea hay pocas fricciones que puedan usarse como arma arrojadiza: el 70 % de los portugueses considera que el país se beneficia de pertenecer al club de los -todavía- 28 y solo uno de cada diez esta a favor de imitar a los británicos y proponer una salida del bloque.

Así se desprende de un sondeo publicado hoy por el semanario luso Expresso, que en el último día de campaña también resalta que el 69 % de los portugueses no consigue decir el nombre de un eurodiputado que sea compatriota suyo.

Confiados en la UE, pero con cierto desconocimiento sobre los políticos que allí les representan, los portugueses convierten la votación en un examen de las caras más conocidas, las de los líderes de los partidos políticos, por lo que la cita electoral ha acabado siendo un ensayo de las legislativas de octubre.

Y en parte las encuestas apoyan esta tendencia, puesto que les otorgan resultados similares en ambas elecciones.

Tanto en las europeas como en las legislativas, los socialistas de António Costa serán la fuerza más votada, según estas estimaciones, con hasta el 39 % de los votos este domingo; de cumplirse, mejorarían casi ocho puntos con respecto a las últimas europeas, en 2014.

Le sigue el centroderecha del PSD, que vive desde hace más de un año una grave crisis interna de la que no logra reponerse y que le pasará factura en estas elecciones, en las que se le augura el peor resultado de su historia: 23 % de voto, que contrasta con el 27 % de hace cinco años.

El resto busca repetir resultado, como el Partido Comunista Portugués, que persigue mantener los históricos tres asientos en Bruselas aglutinando casi el 13 % de los votos (fueron los terceros más votados en 2014), o entrar en la Eurocámara, como el marxista Bloco de Esquerda.

También el democristiano CDS-PP, que intenta en solitario conseguir representación, después de que hace cinco años concurriese junto con el PSD, al que critican ahora por haberse ido demasiado al centro.

La gran mayoría de argumentos para pedir el voto europeo han sido nacionales, en el caso de los socialistas defendiendo la gestión de esta legislatura, mientras su candidato, Pedro Marques, era visto como un simple peón de Costa.

En la otra orilla política, el voto al PSD es calificado de "fútil" y se señalan sus guiños a los socialistas en política nacional, en tanto que comunistas y bloquistas cargan contra los partidos mayoritarios, demasiado parecidos ya a su juicio, y buscan a los votantes de izquierda desencantados.

En este escenario, en el que no se prevén grandes bailes de votos, se medirá la fuerza de la que dispone Costa, que tiene grandes ambiciones dentro y fuera de Portugal.

Su buena sintonía con el presidente francés, Emmanuel Macron, escenificada de nuevo este lunes en París, donde habló de una "coalición de progreso y futuro para el próximo Parlamento" europeo, hace augurar a la prensa lusa la búsqueda de una posición más ventajosa para el primer ministro en las alianzas de Bruselas.

Con Mário Centeno como presidente del Eurogrupo, un nombramiento que supuso una inyección de euforia en Lisboa, el Gobierno quiere incrementar su peso en las decisiones de la UE, y para ello necesita presentarse con resultados incontestables en estas elecciones.

Pero también está en juego su liderazgo nacional, puesto que las urnas del domingo son el termómetro decisivo para comprobar, a apenas cinco meses de las legislativas, si los portugueses están dispuestos a acercarle a esa mayoría absoluta que anhela -y que las encuestas le niegan por ahora- para ser menos dependiente de sus socios de izquierda.

Cynthia de Benito