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El célebre realizador ruso Andréi Tarkovski (1932-1986) se da cita en una exposición con 14 pintores contestatarios soviéticos entre las décadas de los años 60 y 80 del siglo pasado en un intenso diálogo que debate sobre la libertad de la creación con imágenes en movimiento, música y artes plásticas.

"La esencia de este proyecto es la libertad interna de creación que permitió unir al cine de Tarkovski con la obra de los pintores no oficiales de la segunda mitad del siglo XX", declaró a Efe Natalia Opáleva, la productora de la exposición "Vuelo Libre" que acoge la galería Tretiakov de Moscú .

La exposición recoge obras de Dmitri Plavinski (1937-2012), Piotr Belenok (1938-1991), Anatoli Zverev (1931-1986) o Francisco Infante (1943-), hijo de un emigrante político español en Rusia, entre otros.

Los artistas presentados en la exposición sufrieron la profunda incomprensión y el acoso de las autoridades soviéticas, que no eran capaces de aceptar un arte más allá del realismo socialista.

Una de las historias más tristes y vergonzosas de aquel oscuro período fue la llamada "exposición de los bulldozer", una muestra callejera de artistas abstractos organizada en septiembre de 1974, que fue destruida violentamente por la policía, lo cual generó un gran rechazo de la comunidad internacional.

"Muchos de los artistas tuvieron que emigrar de la Unión Soviética después de esto", señala la productora, "y cuando preparábamos esta exposición, adquirimos un bulldozer que fue decorado con grafitis y banderas de los países a donde marcharon estos pintores", explica.

Para Opáleva, se trata de una metáfora sobre la capacidad del arte de prevalecer ante las dificultades.

"Han pasado muchos años y ellos están aquí, están vivos, están en esta exposición y eso es lo más importante", afirmó.

Un conjunto de enormes piezas multimedia hilvana fragmentos de obras del director ruso con imágenes de pinturas de los pintores, todo sumergido en la sobrecogedora atmósfera de las bandas sonoras de sus filmes.

La exposición, dividida en tres zonas temáticas, abre con "Irrupción en el pasado", conjunto concebido en 2017 que une fotogramas y proyecciones del filme Andréi Rubliov y aguafuertes sacros de Dmitri Plavinski -tema tabú en la Rusia soviética-, en los que se representan iglesias destruidas, escrituras antiguas, guiños a la obra de Alberto Durero.

"Se trata de una estética muy cercana a los filmes de Tarkovski", comenta Opáleva.

La también directora del Museo "Anatoli Zvérev" recuerda que la obra del afamado director ruso es muy cercana a las artes plásticas, ya que sus filmes tienen planos muy largos, en los cuales "cada fotograma es una pintura en sí, todo está muy bien pensado, todo es muy armónico".

La segunda parte de la muestra alude al presente de estos creadores, inscritos en "el siglo de las catástrofes, de los sucesos de envergadura, cataclismos, tragedias", explica la productora de la exposición.

El proyecto "Premoniciones" junta el filme Stalker y obras del artista Piotr Belenok, nacido cerca de Chernóbil.

"Este proyecto fue exhibido en el 30 aniversario del accidente de Chernóbil. Y es sorprendente cómo tanto Belenok en sus obras como Tarkovski en Stalker predijeron visualmente la catástrofe de Chernóbil de 1986 entre cinco y diez años antes de suceder", señala Opáleva.

La sección incluye un conjunto de fotografías de Viktoria Ívleva, la única fotógrafa del mundo que descendió con una escafandra al cuarto reactor después de la explosión.

"Mostramos estas fotos y las comparamos con algunos fotogramas de Stalker, y da la impresión que se trata de un mismo lugar y un mismo momento, cuando les distancian 14 años", añade la productora.

La tercera parte de la exposición sobrecoge de futuro: la sala se convierte de pronto en la nave espacial que aparece en Solaris, y mientras en sus paredes se pueden ver las obras de 12 pintores contestatarios soviéticos, por las escotillas se pueden observar sus obras en movimiento, como si tomaran vida en la superficie imaginaria del planeta inteligente que muestra el filme.

La nave espacial presenta a los artistas más representativos de aquella generación, entre los que destacan Oleg Tselkov (1934-), Lidia Masterkova (1927-2008), Vladímir Nemújin (1925-2016).

Todo el conjunto se hilvana por medio de vídeo instalaciones, creadas por Platón Infante, hijo de Francisco Infante, quien destacó por la realización de instalaciones cinéticas en espacios abiertos a fines de los sesenta y obras abstractas que siguen las tradiciones de la vanguardia rusa, en especial Kazimir Malevich y Vladímir Tatlin.

Por Fernando Salcines