EFEGijón

El director hispano-chileno Théo Court ha rodado un "western atípico" para narrar el genocidio de los indígenas Selknam, que habitaron la Tierra del Fuego hasta principios del siglo XX, en su segundo largometraje "Blanco en blanco" que compite en la Sección Oficial del 57 Festival Internacional de Cine de Gijón.

La película, ganadora del Premio a la Mejor Dirección de la Sección Horizontes de la 76 Mostra de Venecia, fue rodada en localizaciones de Canarias y del oeste de Tierra del Fuego y se ha proyectado por primera vez en España en el certamen asturiano.

Es un western atípico que trae el pasado al presente y busca reflexionar sobre el poder de manipulación de las imágenes, ha explicado el director este domingo en una rueda de prensa en la que ha estado acompañado por el actor Lars Radolph, la actriz Lola Rubio y el productor y director de fotografía, José Aloyón

Impresionado por las fotografías que retrataban distintas escenas de las "cacerías" de indígenas por colonizadores, Court decidió rodar una película con el personaje del fotógrafo que había tomado esas imágenes como protagonista de la película.

Pedro, Interpretado por Alfredo Castro, llega a Tierra del Fuego a principios del siglo XX para fotografíar el matrimonio de Mr. Porter, un poderoso latifundista, con su futura esposa que apenas es una niña que adquiere un halo de sensualidad adulta ante la cámara del retratista.

La distancia que separa la realidad de la inocencia de la niña de las imágenes erotizantes que transmiten las fotografías, le ha hecho reflexionar al director sobre la capacidad de manipulación que tienen las imágenes y se volvió inspiradora como metáfora de la historia que quería contar en la película.

Court ha dicho que la cultura de los Selknam u Onas, que vivían de la caza y de la pesca, se vestían con pieles de guanacos y practicaban ritos de iniciación a la edad adulta, es poco conocida en la actualidad y de su genocidio "no se habla".

Su película es una forma de traer al presente un pasado desconocido por muchos y poner luz sobre episodios de barbarie que se justificaron en nombre del progreso.

El director ha añadido que consideró al paisaje como algo esencial de la narración y por eso se buscaron localizaciones en la parte chilena de la isla de Tierra del Fuego y en Tenerife, donde el Teide adquirió un protagonismo especial.

Court ha dicho que este volcán de las Canarias le ha transmitido la imagen que necesitaba la película, que desde un principio había imaginado en tono de Western.

Rodar en dos escenarios con climas y luces tan distintas ha sido un inconveniente que finalmente pudo resolverse con un buen trabajo de fotografía y un montaje minucioso.

El productor y director de fotografía, José Aloyón, ha admitido haber tenido que esforzase para conseguir que no se notaran las diferencias de luz entre las secuencias rodadas en la Patagonia, grises y frías, y las de Canarias, brillantes y con el sol cenital.