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Ansiedad, miedo, culpa, soledad, trastornos alimentarios o abuso del alcohol para anestesiar las emociones. Tras los primeros efectos conocidos del confinamiento, los especialistas advierten: a la COVID le sucederá una "pandemia" de problemas psicológicos, como fobias, depresión o síndrome de estrés postraumático, que pueden prolongarse durante tres años.

Las consultas psicológicas, lejos de interrumpirse durante el estado de alarma, han aumentado durante estas siete semanas de aislamiento, aunque por vía telemática.

La ansiedad y el miedo fueron los primeros efectos provocados por una situación hasta entonces desconocida -el confinamiento- y por las noticias que iban llegando sobre contagios y muertes.

Miren Larrazabal, miembro del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, explica a Efe que el incremento de las consultas se notó ya durante la tercera semana, cuando se empezaron a recibir muchas llamadas de personas que referían sufrir una gran inestabilidad emocional.

Pero esta especialista en psicología clínica considera que la magnitud del problema aún no se ha hecho patente: "Después del coronavirus lo que va a venir es una pandemia de problemas psicológicos que no ha visto la luz porque seguimos confinados, pero la afectación va a ser brutal".

Coincide con este criterio Rocío García Torres, psicóloga especialista en intervención en emergencias y catástrofes: "Todo el mundo lo ha pasado mal, el confinamiento no ha dejado indemne a nadie y las consecuencias a largo plazo pueden ser devastadoras".

Por su especialización en esta área, García Torres forma parte del equipo de profesionales contratados por el Ministerio de Sanidad para proporcionar atención psicológica durante la emergencia sanitaria.

En las llamadas recibidas ha podido constatar que muchas personas han llegado al límite de sus fuerzas: "Se ponen en lo peor, piensan que el sistema sanitario y el económico van a quebrar; no ven el fin. Estos trastornos de ansiedad continuarán después del confinamiento en un porcentaje muy alto", asegura.

Macarena Valdés, miembro de la Asociación Española de Psiquiatría y de la Sociedad Española de Especialistas en Estrés Postraumático, corrobora como psiquiatra las afirmaciones de las dos psicólogas, con un diagnóstico que resume la dureza de una experiencia hasta ahora inédita: "La pandemia y la declaración de emergencia nos han expuesto a las dos situaciones más duras a las que puede enfrentarse el ser humano, que son la pérdida y la incertidumbre".

DE LOS SÍNTOMAS DISFUNCIONALES A LAS PATOLOGÍAS

Pérdida e incertidumbre, por tanto, son para esta psiquiatra la clave de lo que la pandemia ha desencadenado en el ámbito de la salud mental.

"Hemos perdido nuestra libertad, nuestro modelo de vida, nuestra economía. Y, lo más grave, podemos perder la salud, la vida o a nuestros seres queridos. Vivimos en la incertidumbre y ya no tenemos capacidad de control porque nos falta información de lo que está sucediendo".

Ante esta situación, explica Valdés, algunas personas disponen de las herramientas psicológicas necesarias: la cautela y la precaución, dos "mecanismos adaptativos" que permiten salir adelante.

Pero esas herramientas no están al alcance de cualquiera y serán muchos los que desarrollen disfuncionalidades psicológicas.

La minimización –considerar que la situación "no es para tanto"– , la negación (un mecanismo defensivo que utilizamos para rechazar aspectos dolorosos de la realidad) o la hipocondría –la preocupación obsesiva por la propia salud– son algunas de las disfunciones que enumera.

Pero la doctora Valdés advierte de que la pandemia está llevando también a patologías que precisarán de tratamiento farmacológico y psicoterapia, como ansiedad, depresión, fobias, trastornos obsesivos, trastornos adaptativos, síndrome de estrés postraumático, síndrome pos-UCI y el denominado "duelo complicado".

En el servicio de asistencia habilitado por Sanidad, la psicóloga García Torres ya ha empezado a tratar comportamientos fóbicos, los de personas que dicen que no volverán a salir a la calle "hasta que no haya un solo caso de coronavirus".

O hasta que esté disponible una vacuna, como ha llegado a escuchar Miren Larrazabal en sus consultas telemáticas: "Ahora mismo hay mucha gente que se tiene que tomar un ansiolítico para ir al supermercado por miedo al contagio y varios pacientes me han dicho que no saldrán de casa hasta que haya vacuna porque necesitan tener seguridad de que no van a contagiarse", explica.

Junto al miedo que puede llevar a la agorafobia, las expertas hablan también del caso contrario, el de personas que, cuando se levante el confinamiento, saldrán a la calle de forma masiva y sin respetar las indicaciones de las autoridades.

Los trastornos obsesivos son otra de las derivadas de la crisis de la COVID-19.

"Mucha gente empieza con rituales de comprobación. Nos están diciendo hasta la saciedad que nos lavemos las manos. A nada que la persona tenga un rasgo obsesivo, esta información actúa de precipitante y puede llevar a un trastorno obsesivo", expone la psicóloga Miren Larrazabal.

Desde el ámbito de la psiquiatría, Macarena Valdés confirma esta tendencia a intentar controlar el miedo a través de comportamientos y rituales obsesivos.

EL ESTRÉS POSTRAUMÁTICO, EL SÍNDROME POS-UCI Y EL DUELO SIN DESPEDIDA

Estas tres patologías son, a juicio de estas profesionales, los efectos más demoledores de pandemia desde el punto de vista psicológico y psiquiátrico.

La doctora Valdés afirma que nadie ha vivido circunstancias tan difíciles como los enfermos, sus familiares y el personal sanitario, enfrentado a su propio miedo a enfermar y a la angustia de no tener todos los recursos para salvar vidas, todo ello "bajo una tensión mantenida durante demasiado tiempo".

Miren Larrazabal coincide en que los profesionales que están "en primera línea" son el colectivo de mayor riesgo porque todavía no pueden hacerse cargo mentalmente de ellos mismos.

Rocío García Torres añade que la situación de los enfermos hospitalizados por COVID-19 asciende a la categoría de trauma por el hecho de haber estado sometidos a unas terapias muy duras en soledad y ver de cerca a la muerte.

"Una de las personas que me contactó por teléfono –recuerda esta psicóloga– me contó que en el hospital pasaban las horas y nadie acudía; no era una queja sobre el sistema sanitario, porque entendía que estaban desbordados, pero temía que cuando alguien entrara a la habitación pudiera encontrarla muerta".

La situación es aún más traumática para los pacientes que han pasado por cuidados intensivos.

El síndrome pos-UCI es uno de los que más preocupan a Macarena Valdés: "En esas unidades los enfermos están en un mundo alucinatorio y de allí salen con problemas de memoria, crisis de pánico y mucha angustia. Estos pacientes aún no han llegado a nuestras consultas, pero va a ser un flujo muy importante", anticipa.

La tercera situación de extremo padecimiento mental es el que provocan los llamados "duelos complicados", que no permiten a los familiares de los fallecidos despedirse de ellos en tiempo real.

"Como no ven a su ser querido y no están presentes en la despedida, no pueden hacer una percepción de lo ocurrido y el duelo se queda atrapado en la fase de negación", aclara la psiquiatra.

Coincide con ella García Torres, porque estas vidas se han interrumpido sin una despedida: "Hay gente que llama para decir que su padre ha muerto, pero que no es consciente porque no ha visto una caja o una urna ni ha ido a un tanatorio".

EFECTOS DEL CONFINAMIENTO: EL DESPERTAR DE UN MIEDO PRIMITIVO

Sin llegar a vivir la experiencia traumática del hospital, la sociedad en su conjunto sufrirá estrés postraumático en alguna medida, debido, según Miren Larrazabal, al aislamiento domiciliario por el que hemos pasado todos.

La cuarentena nos hace recuperar miedos ancestrales y la sensación de peligro ante un enemigo invisible, el virus. Por ello, dice esta experta, pese al sentimiento de hartazgo por estar confinados, la casa es ahora el único lugar que percibimos como fiable.

"Lo más seguro que tenemos ahora es la inseguridad y eso al cerebro no le gusta. La mente busca seguridades, no estamos constituidos biológicamente para la incertidumbre, aunque lo que habría que hacer desde un punto de vista terapéutico es aceptarla", sostiene.

Larrazabal alude a los resultados de la investigación de un equipo de psicólogos del King’s College de Londres publicada en 'The Lancet', donde se expone que los síntomas de estrés postraumático relacionados con el aislamiento son detectados hasta tres años después.

García Torres también avanza consecuencias psicológicas a largo plazo, por lo vivido y por la incertidumbre generada ante la crisis económica: "El otro día llamó una mujer que decía que se iba a quitar la vida porque no veía solución a sus problemas. Tenía una peluquería, entró a por productos para empezar a atender a domicilio, pero la policía local la vio y le puso multa de 2.000 euros. Lloraba sin consuelo porque no tenía dinero ni para pagar el alquiler".

Las situaciones narradas por los pacientes a estas especialistas en las consultas telemáticas les llevan a afirmar que están frente al reto más importante de sus carreras profesionales. Y cada una trata de sacar su propia lección.

Rocío García Torres ha trasladado la primera de ellas a su grupo de alumnos de la Universidad Villanueva (Madrid). Les ha aconsejado que cuando ejerzan como psicólogos recomienden a sus pacientes trabajar por tenerse a sí mismos, porque "cada persona debe ser consciente de que es la herramienta más poderosa que tiene a su alcance".

Miren Larrazabal expresa su deseo de que la experiencia de pandemia traiga consigo un cambio social, un cambio de las prioridades vitales que no se quede en una mera intención, sino que se prolongue en el tiempo.

Macarena Valdés aporta una visión complementaria desde la psiquiatría y aboga por convertir esta vivencia en un aprendizaje: "La sociedad es hedonista y está empoderada; se considera que el que más poder tiene es el más exitoso, pero la crisis sanitaria ha dado un varapalo a esa sensación de omnipotencia. Ahí deberíamos iniciar un aprendizaje vital".

Solo unos cuantos podrán completar ese proceso de cambio, pero quien lo consiga habrá dado un primer paso para contribuir a una sociedad "más humana y solidaria".

Por Susana Rodríguez