EFETúnez

La campaña electoral para las segundas elecciones presidenciales democráticas de Túnez concluye hoy marcada por la celebración de histórico debate -el primero en la historia del país- y por el ascenso del candidato Kaïes Said, un reputado jurista que podría devenir en la sorpresa este domingo.

Vetados por ley los sondeos, los únicos pronósticos aproximados se pueden extraer de las impresiones recogidas en las calles y de los proyecciones que con dificultad realizan ciertas institutos extranjeros.

Uno de ellos, publicado por la compañía suiza "Stratege Consulting" dos semanas antes del inicio de la campaña, concedía la victoria al ministro de Defensa y candidato preferido de la oligarquía que tradicionalmente ha dominado Túnez, Abdelkarim Zbidi, con 13,1 por ciento.

En segunda posición, a apenas ocho décimas, se situaba Nabil Karoui, un populista y polémico magnate de la televisión al más puro estilo del ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi, pese a estar en prisión desde final de agosto.

Antiguo colaborador del partido en el gobierno Nidaa Tunis y del presidente Beji Caïd Essebsi, fallecido el pasado julio, Karoui se enfrentó al círculo de poder y fue detenido en respuesta a una denuncia de la ONG I-Watch por presunta corrupción.

Dueño de la cadena Nessma TV, la más vista del país, se ha hecho extremadamente popular entre las clases medias y bajas y en las zonas rurales gracias a una imagen de benefactor ampliamente difundida por las cámaras.

En la estrecha pelea por los dos puestos que darían acceso a una eventual segunda vuelta el 13 de octubre también aparecían la abogada Abir Moussi, defensora de los nostálgicos de la dictadura, y Abdelfatah Mouro, primer candidato que presenta el partido islámico conservador Ennahda, primera fuerza en el Parlamento.

Y el primer ministro, Yusef Chahed, que arrastra la pesada mochila de la crisis económica, mientras que Said, un hombre de prestigio igualmente bregado en la televisión, se mantenía en un séptimo puesto.

Un mes después, el último sondeo filtrado a los partidos por Sigma y al que tuvo acceso Efe, coloca a Karoui en la primera posición, seguido muy de cerca por Said, que habría ganado más de dos puntos.

Agarrado a su prestigio, Said, que formó parte de la comisión de expertos que en 2014 enmendó la constitución y se presenta como independiente, ha realizado una campaña discreta pero al parecer muy efectiva.

Criticado por sus rivales por recurrir el árabe clásico en vez del dialecto tunecino en los actos públicos, ha optado por eludir los grandes actos y recorrer a pie las calles del país, haciendo un ejercicio de austeridad populista.

Conocido como "robocop" entre los tunecinos y como "Robespierre" por la prensa extranjera, apenas ha gastado en publicidad, ha intensificado su crítica al sistema y a Ennahda, pero sobre todo, ha sido capaz de conectar con los jóvenes.

Una vínculo con el llamado "movimiento joven y ciudadano" que sumado a algunas declaraciones polémicas -como su apoyo a la pena de muerte y su crítica a la homosexualidad en Túnez, que considera es el fruto de una conspiración extranjera- pueden ser determinantes en el incierto resultado.

Y es que el comportamiento del voto joven es, junto al problema económico, unas de las claves de estos comicios.

De los siete millones de tunecinos llamados a las urnas, cerca de 1,5 millones son nuevos votantes (un 25 por ciento), casi la mitad de ellos mujeres.

"Es sobre todo un hombre honesto, que tiene principios firmes que compartimos los tunecinos. Habla muy claro y pone al pueblo por delante", explicaba este viernes a Efe Moez Elaid, un joven universitario.

Las otras claves serán la capacidad de movilización que finalmente tendrá Karoui, que ha pasado toda la campaña en prisión y ni siquiera se sabe si el domingo podrá votar.

Sin apenas estructura política más allá que su propia televisión, el magnate pesca votos entre las clases rurales más desfavorecidas y entre la clase media que se ha empobrecido, caladero tradicional de Ennahda.

La capacidad de arrastre del movimiento islámico, que también aparecía en posiciones perdedoras en las municipales de 2018 que finalmente ganó, y su asentada estructura en todo el país pueden ser su freno.

Expertos consideran que el voto del partido islámico, que en los últimos años se ha reformado para desprenderse del marchamo religioso, es solido, especialmente entre la población de más edad, y oculto frente a los sondeos.

Por el lado más laico, Said y el Zbidi tratan de reducir el pedazo del pastel que ha arrancado el primer ministro y luchan contra el ascenso de Moussi

La abogada también ha crecido pero al grito de "con Ben Ali estábamos mejor" - en alusión al dictador Zin El Abidín ben Ali, derrocado en la revolución de 2011-, aplaudido por aquellos que nada han sacado de una transición que se enfrenta este domingo a uno de sus mayores retos.

Javier Martín