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El miedo y la curiosidad por la tecnología es el asunto que aborda la nueva exposición de SOLO, un espacio de arte contemporáneo impulsado por el creador de Pocoyó y una de las herederas del imperio Mahou, desconocido para el gran público pese a estar ubicado en el centro de Madrid pero que tiene lista de espera.

Este museo privado, situado junto a la Puerta de Alcalá, alberga la colección SOLO de arte contemporáneo, con más de 700 piezas de artistas internacionales como Keiichi Tanaami, Peter Saul, Miriam Cahn o Neo Rauch.

El arte figurativo, la escultura contemporánea, el surrealismo pop y la inteligencia artificial son algunos de los estilos y temáticas que aborda este espacio, que presta especial atención a los artistas emergentes.

El proyecto nace de la mano de David Cantolla, creador de Pocoyó, y Ana Gervás, empresaria y una de las herederas del imperio Mahou, compradores de arte contemporáneo que decidieron apostar por el mecenazgo a través de becas y residencias y exponer sus adquisiciones para el público.

Para ello, abrieron en 2018 el espacio SOLO, de 1.400 metros cuadrados y que se puede visitar de forma gratuita con reserva previa, algo que hay que hacer con margen suficiente al haber lista de espera.

Diseñado por el arquitecto Juan Herreros, este museo ganó en 2018 el premio del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM).

"El espacio es un laberinto circular museístico pero, a la vez, es cálido como un hogar. Queremos generar una visita cercana e íntima en la que el visitante pueda interactuar con las obras y disfrutar sin las aglomeraciones de un museo convencional", explica a Efe la directora de documentación e investigación de la colección Solo, Rebekah Rhodes.

Ahora el espacio SOLO acoge la exposición "Still Human", que desde este miércoles hasta el 31 de julio aborda el miedo y la curiosidad que genera la tecnología en la sociedad.

Unos sentimientos con los que juegan 40 artistas contemporáneos a través de la creación de sus obras a partir de la inteligencia artificial.

Así, la obra "Appropriate Response", del artista Mario Klingemann, muestra las 135 placas de una antigua pantalla de aeropuerto que giran conformando mensajes indescifrables hasta que alguien hinca sus rodillas en una especie de altar de oración.

"A través de un código abierto en el que se introdujo una red neuronal informática de más de 6.000 frases, he enseñado a la obra a crear su propio lenguaje", ha explicado a Efe el artista, autor también de la obra "Memories of Passersby I", que hace retratos efímeros a partir de pinturas clásicas europeas.

Esta instalación está conformada por un mueble de madera con un ordenador dotado de inteligencia artificial en el que se visualizan en tiempo real, pixel a pixel, los inquietantes rostros de un hombre y una mujer que en realidad no existen.

La visión de un futuro apocalíptico visto desde la fascinación se muestra en la obra de Sholim "Half Human-Half Machine Portraits Serie", una serie de doce retratos donde los rasgos faciales se combinan entre elementos mecánicos y naturales, o en las imágenes de Yang Yongliang, que transforma el antiguo arte de la pintura de paisaje china en una yuxtaposición de imágenes digitales de edificios para criticar el desarrollo urbanístico.

Una cabeza robotizada que se golpea constantemente con un ladrillo, máquinas de videojuegos recreativas, un "Jardín de las delicias" actualizado a los tiempos de las redes sociales, robots sonoros que componen música en directo o cortos generados por ordenador son otras de las obras que conforman "Still Human".

La directora de documentación e investigación de la colección Solo, Rebekah Rhodes, ha señalado que "la creación contemporánea responde a los nuevos contextos sociales y tecnológicos", en los que se ponen en evidencia las capacidades "como humanos" y los artistas han tomado "la relación de la transformación" como eje para conformar esta muestra.

En torno al debate sobre la creación artística a través de la inteligencia artificial, Rhodes formula una pregunta que autocontesta.

"¿Qué es lo que nos hace humanos frente a las máquinas? La creatividad. Emplear la tecnología para la creación de nuevas formulaciones artísticas es un mero instrumento para reinterpretar nuestra realidad o el futuro que, a veces, se torna aterrador por lo incomprensible o lejano que puede llegar a ser", sostiene.

Por Ana Márquez