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El Banco de España considera que el elevado nivel de deuda pública y el envejecimiento de la población son los principales desequilibrios que ponen en riesgo el futuro de la economía española, a los que suma el alto desempleo, la ineficiencia del mercado laboral y la falta de productividad.

La entidad enmarca la persistencia de estos desequilibrios en un entorno político en el que la situación de Cataluña sigue siendo un riesgo a la baja y en el que la fragmentación parlamentaria resta iniciativa para acometer reformas estructurales de calado.

Sobre el elevado endeudamiento público destaca que absorbe recursos que podrían destinarse a fines más productivos y que no deja margen de actuación en caso de perturbaciones macroeconómicas, además de generar una mayor vulnerabilidad frente a cambios en el sentimiento de los mercados.

Ante esta situación entiende que es prioritario mantener el proceso de consolidación fiscal y mejorar la calidad de las finanzas públicas para que puedan contribuir en mayor medida al crecimiento económico.

Por el lado de los ingresos dice que hay margen para aumentar el IVA y los impuestos especiales, en particular los medioambientales, porque la imposición al consumo tiene menos peso sobre el PIB en España que en la media de la UE, mientras que por el lado del gasto también ve margen para avanzar en una mayor eficiencia.

Asimismo subraya la reforma del sistema de financiación autonómica como otra de las patas necesarias para garantizar la estabilidad presupuestaria.

Del reto que implica el envejecimiento hace hincapié en que cualquier nueva reforma de las pensiones debe mantener un "mecanismo de ajuste automático" que garantice las pensiones a futuro, además de aumentar la transparencia del sistema y reforzar su contributividad (relación entre contribuciones y prestaciones).

Añade que si no se mejoran muy significativamente los ingresos de la Seguridad Social será imposible mantener las tasas de sustitución actuales de las pensiones públicas (importe de la pensión respecto al último salario), cuyo descenso podría llegar a 20 puntos en 2060.

El reto demográfico hace necesario mejorar la tasa de actividad, para lo que reclama medidas que incentiven la continuidad de los trabajadores más mayores en el mercado laboral compatibilizando el empleo con el cobro de la pensión.

El desempleo estructural es otro de los factores que limitan el crecimiento de la economía, ante lo que ve prioritario actuar sobre los colectivos con mayores dificultades de reinserción como son los que tienen menor cualificación.

Del empleo subraya que en la fase de recuperación se está manteniendo la pauta de mayor crecimiento del empleo temporal, lo que impide mejorar la productividad, ante lo que reclama inversión en capital humano y fomento de la innovación.

Para aumentar la eficiencia del mercado de trabajo señala que hay que reducir la temporalidad y promover políticas de conciliación, además de establecer mecanismos de determinación salarial más orientados a las condiciones específicas de empresas y sectores.

El Banco de España destaca que el ajuste de los salarios durante la crisis ha permitido ganar competitividad a unas empresas que apenas están corrigiendo sus márgenes, mientras que la fuerte creación de empleo con la recuperación "ha ido de la mano de un aumento muy modesto de las retribuciones".

Esto se explica por el aumento del peso de quienes entran en el mercado laboral con salarios más bajos y porque la creación de empleo se está concentrando en sectores con reducidos niveles de productividad.

El informe incide en que el sistema bancario todavía afronta retos que pasan por acelerar la venta de activos inmobiliarios, reducir la morosidad y aumentar su rentabilidad, para lo que anima a buscar fuentes alternativas de mejora de ingresos y reducción de costes.

Recomienda también que aumenten su inversión en innovación, porque la competencia será cada vez mayor por la irrupción de nuevos proveedores de servicios bancarios, al tiempo que constata un "aumento significativo de la concentración" en el sector, y ahora los cinco mayores bancos poseen el 70 % del negocio, 20 puntos por encima de la media de la UE.