EFETeherán

Hace tres años fue la subida de la gasolina. En 2021, se trató de la falta de agua por la sequía. Ahora el aumento del coste del pan, y otros alimentos básicos, ha hecho que muchos iraníes desafíen una vez más a las autoridades con protestas callejeras.

Desde finales de la semana pasada se han multiplicado las pequeñas protestas en varias ciudades iraníes con ataques a panaderías e incluso mezquitas, en unos disturbios que han causado al menos dos muertos.

Con eslóganes contra el líder supremo de Irán, Ali Jameneí, y el presidente del país, Ebrahim Raisí, los manifestantes claman en contra del gran incremento en los precios del pan, el arroz o el aceite.

La subida está provocada por la eliminación de subsidios del Gobierno a finales de abril que han multiplicado por tres el precio de un gran número de productos básicos.

Se trata de otra gota que cae en un vaso ya colmado tras años de una economía golpeada por la inflación galopante -actualmente del 40 %-, las sanciones estadounidenses y la pandemia del coronavirus.

SUBIDA DE PRECIOS

“Es más fácil decir que alimentos no han subido”, dice a Efe Sasan, encargado de una céntrica cafetería de Teherán.

A sus 33 años, vive aún con sus padres, cuyo alquiler subió un 143 % hace solo unas semanas.

Las cosas tampoco son fáciles en el negocio que regenta. El mes pasado se vieron obligados a subir un 15 % los precios de los cruasanes y capuchinos que atraen a oficinistas de la zona.

El resultado ha sido la caída de un 20 % de las ventas de esta cafetería que emplea a ocho personas.

En esta complicada situación llegó el anuncio de la eliminación de los subsidios por lo que se incrementó el precio de la harina, el aceite y productos lácteos, todos ellos básicos para el negocio.

“Vamos a tener que subir otro 15 %. Nos acercamos a la muerte del negocio”, afirma con resignación.

No lejos de allí, un cliente que espera en la puerta de una panadería afirma que se está volviendo “loco” por la situación.

“No duermo por las noches por nervios y no puedo tragarme la comida. Cobro 60.000.000 riales al mes (unos 240 dólares) y tengo dos hijos”, explica a Efe este mensajero de una compañía de distribución.

El mensajero recuerda que el presidente del país anunció la semana pasada nuevas ayudas a un número limitado de personas de hasta 4.000.000 millones de riales (unos 16 dólares) durante dos meses.

“Ese dinero no nos vale de nada”, asegura.

El dueño de la panadería cuenta a Efe que en este escenario hay clientes que en ocasiones casi llegan a las manos en su establecimiento.

“La gente no tiene dinero y está nerviosa. Discuten con nosotros y nos dicen que el Gobierno no ha subido este pan o el otro”, relata.

El panadero explica que han tenido que subir precios de algunos panes por los recortes de las ayudas gubernamentales al llegar a pagar hasta cinco veces más por la harina.

“¿Cómo podemos mantener los mismos precios?”, se pregunta.

Advierte que lo peor está por llegar, cuando se acaben todos los suministros de harina y otros productos que adquirieron a costes subvencionados y se eleven aún más los precios.

“Si esto sigue así me sumo a las protestas”, afirma.

Las protestas comenzaron el pasado viernes y se han extendido a varias ciudades, con multitudes de entre pocas docenas y unas 300 personas, según los medios iraníes, que apenas informan de la situación.

Al igual que en otras ocasiones se han producido cortes de internet en las zonas donde ha habido incidentes.

SUCESIÓN DE PROTESTAS

Durante los últimos años se han sucedido las protestas en el país persa, con un patrón similar: la chispa es una cuestión económica que después se extiende a asuntos políticos con eslóganes contra el régimen religioso.

En 2019, hubo grandes manifestaciones provocadas por el aumento del precio de los combustibles, que según Amnistía Internacional dejaron más de 300 muertos y miles de detenidos.

En 2020 y 2021, la escasez de agua provocó de nuevo protestas en varias ciudades del país, con numerosos enfrentamientos entre la policía y manifestantes.

“No sé cuál es la solución a todo esto. Pero nuestra vida es cada día más dura”, dice Sasan, el encargado de la cafetería.

Jaime León