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La contratación a tiempo parcial aumentó en los diez primeros meses del año sólo entre las mujeres, que absorben ya el 60 % de estos contratos, lo que amplía a 20 puntos la brecha de género en este tipo de contratación, que en la mayoría de los casos no es deseada.

Según los últimos datos del servicio público de empleo estatal (SEPE), entre enero y octubre las mujeres rubricaron 3,94 millones de contratos laborales a tiempo parcial, el 1,8 % más que en el mismo periodo del año anterior, mientras que se hicieron 2,62 millones de estas contrataciones a hombres, el 0,7 % menos.

Para la secretaria de Estado de Empleo, Yolanda Valdeolivas, estos datos muestran una "brecha intolerable" que hay que paliar, si bien considera que la evolución es positiva y tiende a corregirse, según manifestaba en la última rueda de prensa para comentar el paro y la afiliación de octubre.

El hecho de que se hayan firmado más de 6,5 millones de contratos a tiempo parcial en lo que va de año da un idea de la rotación y la alta temporalidad existente, ya que la foto fija del mercado laboral muestra que al cierre del tercer trimestre había poco más de 2,7 millones de trabajadores a tiempo parcial.

Son datos de la última encuesta de población activa (EPA), según los cuales el 74 % de los empleados a tiempo parcial son mujeres, frente a un 26 % de hombres, lo que implica una brecha de 48 puntos que no ha variado respecto al año anterior.

La práctica totalidad del empleo a tiempo parcial se encuadra en el sector servicios, en el que la brecha de género aumenta a 50 puntos.

La mayor parte de las mujeres que trabajan a jornada parcial lo hacen de forma involuntaria. Un millón de ellas dan como primer motivo el no haber encontrado un empleo a jornada completa, mientras que 300.000 alegan el cuidado de niños o personas dependientes.

El empleo a tiempo parcial, realizado mayoritariamente por mujeres, es una de las causas que según el Instituto Nacional de Estadística (INE) motivó que las mujeres ganaran de media 452,9 euros brutos menos que los hombres en 2018, lo que implica una brecha salarial del 20,9 %, ligeramente superior al 20,2 % de un año antes.

Además, los hombres tienen una mayor concentración relativa en salarios altos que las mujeres, situación que se invierte para las remuneraciones más bajas.

Si se toman los datos de Eurostat -los últimos de 2017-, la brecha salarial de género baja al 15,1 %, ya que la oficina estadística comunitaria toma la remuneración por hora trabajada y no los ingresos anuales como hace el INE.

Esto significa que las mujeres ganan 84,9 céntimos por cada euro que ingresan los hombres.

En este caso no influye la elevada temporalidad entre las mujeres, sino otros factores que la Comisión Europea enmarca en las convenciones sociales y los estereotipos de género que llevan a las mujeres a asumir mayoritariamente el trabajo de cuidados no pagado, lo que les resta oportunidades y dificulta el ascenso a puestos de mayor responsabilidad.

En dos recientes folletos sobre brecha y transparencia salarial, Bruselas explica que la desigualdad en el reparto del trabajo doméstico y de cuidados conduce a las mujeres a puestos de trabajo y a sectores peor pagados, a lo que suma la discriminación directa, que también existe aunque esté prohibido por ley cobrar menos según el sexo.

Asimismo, señala que la norma social lleva a que trabajos que requieren esfuerzo físico y suelen realizar los hombres estén mejor valorados, como ocurre con la recogida de basura, actividad con presencia predominantemente masculina y mejor pagada que la de la limpieza, que requiere capacidades similares pero en la que se concentran las mujeres.

Por María Vicente