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Todos los años por estas fechas la recogida de la uva se repite en las diferentes regiones vitivinícolas de España, una tarea que se complica todavía más en algunas zonas condicionadas por la orografía y otras particularidades.

Las fuertes pendientes caracterizan el paisaje de la Ribeira Sacra, donde los ríos Miño y Sil discurren encajonados entre las montañas del interior de Galicia y las viñas se abren paso en terrazas.

Caja a caja, muro a muro, los vendimiadores hacen su trabajo a mano, puesto que solo hay montacargas en las plantaciones más grandes.

En la mayoría de casos, "el montacargas es la persona que coge la caja a la espalda y la sube o baja hasta el camino donde suele haber un tractor o un remolque", detalla a Efeagro el presidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribeira Sacra, José Manuel Rodríguez.

Compara el esfuerzo con el que supone trepar las escaleras de un edificio cargado con cajas, para lo que se necesita "cierta juventud y espíritu de sacrificio".

Este año la recogida en la Ribeira Sacra está siendo similar a la de otros años, de unos 6 millones de kilos de uva.

Rodríguez no duda en calificarla como "una gran fiesta", con mucha gente del territorio trabajando en las laderas y temporeros de fuera contratados por las grandes bodegas.

Los viticultores gallegos y del resto de España confían en recuperarse de la crisis que dejó la pandemia por la caída en el consumo y aprovechar el recorte previsto en la producción nacional y en la de otros países productores como Francia e Italia, afectados por la climatología adversa, para ver un repunte en los precios.

La presente vendimia será corta en producción, de unos 39 o 40 millones de hectolitros de vino y mosto, pero de buena calidad, estima la Organización Interprofesional del Vino de España (OIVE).

CULTIVO ENTRE VOLCANES

Hay otros lugares donde el cultivo de la vid está influido por una naturaleza única, como en el terreno volcánico de la isla de Lanzarote (Canarias).

Culminada allí la vendimia, una de las más tempranas, se ha obtenido un resultado "de calidad extraordinaria", a pesar de los obstáculos que entraña su cultivo tradicional, intensivo en mano de obra y sin posibilidad de usar maquinaria, explica la viticultora ecológica de la zona Ascensión Robayna.

El grado de dificultad lo marca la variabilidad de los hoyos en los que están plantadas las parras, bajo la protección de los muros de piedra.

"A medida que nos adentramos en las zonas más cercanas al volcán Timanfaya, podemos tener fincas de alrededor de dos metros (de profundidad) en las que hay que practicar una especie de camino hacia donde está la parra", asegura Robayna.

A bastante temperatura, dos personas suelen bajar al hoyo y subir con la caja llena, así una y otra vez durante las ocho horas que dura la jornada, repitiendo una escena que es lo más parecido a emerger de la tierra.

Por si fuera poco, cada año hay que afinar más el momento de la vendimia, porque con el cambio climático las estaciones se están desdibujando y "solo pasar de un día a otro en la recogida puede causar un cambio sustancial" en el resultado de la cosecha, según la productora.

HUIR DEL CALOR

En La Rioja también están atentos a la temperatura y la luz, dos parámetros que influyen en la oxidación de la uva, por lo que llevan años apostando por las vendimias nocturnas para las variedades blancas.

"La vendimia nocturna es una maravilla porque los vendimiadores comienzan sobre las 4 de la mañana, abrimos la bodega a las 6 y hacia las 10 la tenemos ya cerrada. Intentamos reducir el nivel de oxidación centrándonos en las horas de más fresco", afirma el director general de Viñedos de Aldeanueva de Ebro, Abel Torres.

Esta bodega, que dispone de 3.000 hectáreas de viñedo, se ha especializado en vendimiar a máquina de noche, lo que requiere adecuar los tractores, iluminar los caminos y "pegarse unos buenos madrugones, pero la gente se acostumbra", asegura.

En su opinión, se trata de una vendimia distinta debido a que están "anteponiendo el producto a cualquier otra cosa", de forma que han "mejorado en la obtención de mayor fruta, en las fermentaciones, en los vinos finales y en los colores un poco más claros por la falta de oxidación".

Una opción para un vino "más delicado" como el blanco que busca evitar que las altas temperaturas dañen su calidad, argumenta Torres, que prevé batir este año el récord de vendimia más larga, hasta dos meses en los que no para de mirar al cielo, deseando que no llueva más.

Belén Delgado