EFEBruselas

Tras meses cerrados, restaurantes y bares pueden reabrir sus terrazas en Bélgica, incluidos muchos establecimientos españoles, lo que supone un soplo de aire fresco para hosteleros como Alejandro, quien desde que se hizo con su local "casi no levanta cabeza".

La pandemia ha sido "muy dura" para Alejandro Quintana, propietario de El Fontán: "Nos pensamos que el cierre iba a ser de tres meses y al final han sido nueve" en total, con los dos confinamientos, relata a Efe sobre el tablado dispuesto en el barrio de Marolles, antiguamente “muy español”, donde instala su terraza este sábado.

Ahora, con la reapertura y las ayudas del gobierno "que llegan tarde, pero llegan", Quintana espera poder remontar, sirviendo su famosa fabada, dos veces finalista en el premio de las mejores del mundo.

Aunque, reconoce, "Bruselas no es Málaga": "aquí igual te toca la sorpresa de que llueve como puede no hacerlo, nunca se sabe". Este fin de semana las previsiones son de lluvia.

EL CABRALIEGO, LA CATEDRAL DE LOS BARES ESPAÑOLES EN BRUSELAS

Imposible es no saber si lloverá como lo es no mencionar, si se habla de locales españoles en Bruselas, al Cabraliego, a apenas diez metros de El Fontán.

Desde 1998, cuando los integrantes del equipo de fútbol que fundaron varios asturianos expatriados quisieron contar con un local para reunirse, el Cabraliego es un lugar de peregrinación obligado para cualquier español (y no español) en Bruselas, una de las ciudades más cosmopolitas del mundo.

Sus precios "completamente democráticos" también son todo un reclamo para los jóvenes "erasmus", que cada viernes y sábado llenaban el castizo local, ansiosos de cervezas a un euro treinta, "gin tonics" a tres y raciones muy generosas, presume.

Uno de los responsables del lugar, Ángel Gonzalo, cuenta que, aunque es consciente de que sus compañeros hosteleros lo han pasado peor, ellos también han sufrido la pandemia, aunque no tengan ánimo de lucro.

El Cabraliego no es exactamente un bar, sino un centro cultural, financiado en parte por la barra y sobre todo por las aportaciones de sus socios, que son "en un 99 % pensionados".

También funciona como centro de día para los emigrantes españoles más mayores, quienes, según Ángel, "son los que más echan en falta" el lugar, que no abrirá aún por carecer de terraza.

OTRO TIPO DE HOSTELERÍA

El restaurante Hispania, situado en la famosa plaza del Petit Sablon, ganó el premio al mejor restaurante de Bruselas en 2019, con la paletilla de cordero y las croquetas como platos estrella.

Su cocina, más gourmet y dirigida por el chef, también asturiano, Adrián Mancheño, no ha cerrado durante esta pandemia, sino que ha seguido funcionado para el hotel en el que se localiza el restaurante, y ha lanzado un servicio de comida a domicilio, que "está funcionando muy bien".

"Para toda la hostelería, la pandemia ha sido realmente muy complicada, aunque nosotros, dentro de lo malo, no nos podemos quejar", reconoce Mancheño.

"Cuando empezamos, el 85 % de los clientes eran españoles, pero ahora es un 'fifty, fifty' (la mitad), apunta el chef, que asegura que la comida española "gusta mucho a los belgas".

"Casi todos tienen apartamento en España, van de vacaciones allí y lo que quieren es continuarlas, de alguna manera, en Bélgica", agrega Quintana, de El Fontán.

NO SOLO BARES

La presencia de locales españoles en la capital de Europa no se limita a la hostelería.

La librería "Punto y coma" es, desde hace 26 años, uno de los principales puntos de encuentro de la comunidad española en Bruselas, aunque, como cuenta su dueño, Roberto, también "hay muchísima gente no española que habla español o que le gusta aprenderlo".

A diferencia de los bares, las librerías fueron declaradas establecimientos de primera necesidad, lo que les ha permitido seguir abiertas casi toda la pandemia, hecho que, sumado al servicio de entrega a domicilio y las campañas escolares, les ha permitido sobrellevar la situación e incluso aumentar sus ventas: "Hemos vendido muchísimos libros, muchísimas más novelas que de costumbre"

Otro ejemplo es la tienda España Calidade, en Sant Gilles, especializada en productos y alimentos españoles, donde Daniel, el encargado, hijo de emigrantes asturianos, comenta que la pandemia "al principio, fue un poco dura", pero que poco a poco han ido remontando.

Como a cualquiera, la pandemia afectó duramente a esos españoles que un día decidieron dejar su tierra atrás para buscar un futuro mejor, los cuales, "aunque son menos que antes", como explica Ángel, del Cabraliego, siguen siendo, tal y como sentencia el librero Roberto, "los mejores trabajadores".

Ricardo Ruiz Varo