EFEValència

Instalar un generador de ozono y un armario para desinfectar las prendas que se prueben las clientas y no se compren es la iniciativa que ha adoptado una pequeña tienda de ropa de València para que, cuando reabra este lunes con cita previa, la clientela acuda tranquila y sin miedo a contagiarse de coronavirus.

"Se trata de demostrar que la tienda está perfectamente limpia, que las clientas tengan la total seguridad de que la ropa que se prueben no se la ha probado otra persona un rato antes y que no hay ningún problema", explica a EFE Carmen Campos, propietaria de Entre Costura, una tienda de barrio de unos 25 metros cuadrados.

Carmen reivindica que el pequeño comercio tiene una "pequeña ventaja" en esta crisis sanitaria, ya que ve "muy complicado, por no decir imposible", que en las grandes superficies se pueda vigilar si la gente toca las prendas, aunque no se las llegue a probar. "El control no puede ser el mismo", asegura.

Cuando levante de nuevo la persiana de su local, que esta semana cumple cinco años y en el que se puede encontrar moda y complementos de mujer de marcas españolas y valencianas, un cartel avisará de que el aforo máximo será de una persona, pues aquí "la gente no se para en el mostrador, va mirando de perchero en perchero y es fácil cruzarse".

Además de limpiar a fondo el local, de sustituir la cortina del probador por un parabán, quitar alfombras y adquirir guantes, gel hidroalcohólico y mascarillas por si alguien llega sin ellos, Carmen ha comprado un generador de ozono y un armario de tela que ha colocado junto al probador, adonde irán las prendas que las clientas se prueben pero no se lleven.

El ozonizador estará puesto a baja potencia durante el día, pero una vez cierre la tienda lo dejará en marcha a mayor intensidad para que toda esa ropa quede desinfectada y libre de virus, lista para volver a los percheros y ser puesta de nuevo a la venta.

Pero además de vender ropa y complementos, Carmen es artesana sombrerera: confecciona pamelas y tocados totalmente a mano, que al menos antes de la pandemia se vendían mucho para primeras comuniones y bodas -ha llegado a vender también a Inglaterra o Estados Unidos por internet- y suponían la mitad de las ventas del establecimiento entre abril y octubre.

"Tenía muchos ya terminados para bodas de abril, mayo y junio, pero las celebraciones se han anulado y me los he quedado, no me parece bien obligar a que se los lleven", afirma la artesana, quien augura que este año "no va a ser lo mismo, ni mucho menos", debido que los eventos están "muy parados".

Explica que, por ejemplo, el año pasado en septiembre, que suele ser "un mes malo" porque la gente vuelve de vacaciones, hace calor y aún no compra la ropa de invierno, pudo pagar los gastos de la tienda gracias a la sombrerería, y destaca que, aunque vende algo por internet, lo habitual es que la gente vaya la tienda "y se pruebe cuarenta modelos" a ver cómo le quedan.

Pese a todo, Carmen espera que cuando pueda reabrir con normalidad "ojalá haya cola para entrar" en este establecimiento de Benimaclet. Ya le ha llamado alguna clienta para decirle "que la ropa no le viene" y además, al ser una tienda de barrio, "el trato es muy cercano" y ha recibido "muchas llamadas y mensajes preguntando cómo iba todo y diciendo que tenían ganas de venir".

Loli Benlloch