Sri Lanka celebra nuevas elecciones este 5 de enero, después de que el Gobierno de Rajapaksa admitiese que no tenía apoyos suficientes.  El pasado año, se registró una crisis constitucional, después de que el presidente del país, Maithripala Sirisena, destituyese por sorpresa al primer ministro y nombrase en su lugar al controvertido expresidente Mahindra Rajapaksa, sólo para restituir a Ranil Wickremasinghe dos meses después. 

 

 

Chathuri Dissanayake

Desde el nombramiento sorpresa de Rajapaksa a finales de octubre de 2018, el país se ha visto sumido en un caos institucional con la suspensión y posterior disolución del Parlamento, una sentencia del Tribunal Supremo que posibilitó la reunión de la Cámara y dos mociones de censura contra Rajapaksa, rechazadas ambas por Sirisena.

En ese caos no han faltado varios estallidos menores de violencia y manifestaciones pacíficas en apoyo de ambos bandos, en un país que puso punto final en 2009 a una guerra civil entre el Ejército gubernamental y la guerrilla tamil.

El 26 de octubre, Sirisena nombró primer ministro al mismo hombre al que desalojó del poder en 2015 al frente de una coalición de partidos, el controvertido exmandatario Rajapaksa.

Rajapaksa gobernó el país entre 2005 y 2015 y bajo su gestión finalizó la contienda contra los Tigres Tamiles (LTTE), lo que le aportó un gran prestigio entre la mayoría cingalesa budista de la nación insular, pero le valió también críticas de muchas organizaciones internacionales.

Su nombramiento como primer ministro supuso la destitución del aliado de Sirisena Wickremasinghe.

El propio Sirisena se encargó de justificar ante los medios de comunicación su decisión de destituir a Wickremesinghe, acusándole entre otras cosas de arrogante y obstinado y afirmando que era la "única opción" tras el deterioro de su relación.

Pero Wickremasinghe resistió el movimiento y se hizo fuerte en su residencia oficial, al tiempo que denunció el movimiento como inconstitucional.

"El Parlamento tiene la última palabra", dijo, seguro de contar con el apoyo mayoritario de los 225 miembros de la Cámara.

Sin embargo, Sirisena suspendió el Parlamento un día después de nombrar a Rajapaksa, quien tomó posesión del cargo el 29 de octubre en medio de una crisis política creciente y entre ruedas de prensa de diversas formaciones políticas.

El presidente esrilanqués trató de frenar definitivamente la discusión parlamentaria disolviendo la Cámara el 9 de noviembre y anunciando nuevas elecciones  para enero, después de que el Gobierno de Rajapaksa admitiese que no tenía apoyos suficientes.

El Tribunal Supremo echó por tierra los planes de Sirisena al suspender tres días después la disolución del Parlamento, que logró por fin reunirse el 14 de noviembre.

En esa caótica sesión, la mayoría de la Cámara aprobó una moción de censura contra Rajapaksa, que fue a su vez rechazada por Sirisena al afirmar que la decisión violó la Constitución, al no llevarse a cabo con el procedimiento legal.

La tensión en el Parlamento estalló finalmente un día después, con un breve enfrentamiento entre diputados opositores en el momento en que Rajapaksa llamaba a resolver la crisis con elecciones anticipadas.

Una segunda moción de censura, acompañada de un documento con la firma de 122 diputados, fue igualmente rechazada por el presidente esrilanqués.

Rajapaksa, en declaraciones a la prensa, también mostró su rechazo a la moción.

"No voy a abandonar el puesto (...) Sólo si pasan la moción de censura dentro de la legalidad lo haré. Pero si intentan hacer que lo desaloje por la fuerza no les será fácil echarme. Sólo el Presidente tiene el poder para echarme", afirmó el pasado 17 de noviembre.

Finalmente, el expresidente acabó dimitiendo el 15 de diciembre, tras dos meses de crisis institucional y negativas a abandonar el cargo, abriendo camino para la restitución de Wickremasinghe un día más tarde.

El conflicto ha suscitado incluso la reacción del secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, que expresó su preocupación por la disolución del Parlamento, e inquietud en países como la India, Estados Unidos o el Reino Unido. EFE