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La cuarta jornada de la pasarela madrileña comenzó con el que quizá sea el último desfile de Custo Barcelona España, continuó con la energía de Agatha Ruiz de la Prada, la sofisticación de Hannibal Laguna y la propuesta de Duyos, inspirada en la naturaleza de Costa Rica.

Custo Barcelona deja España para instalarse en Italia, después del acuerdo alcanzado con Velmar, que ampara firmas como Alberta Ferreti o Moschino, una alianza que el diseñador califica de histórica. "Es como si a un piloto le ficha Ferrari".

Una alianza que será de "largo recorrido", en palabras de Custo Dalmau, que ha asegurado a Efe que es "un acuerdo histórico" por el que la firma se va de Barcelona a Italia, desde donde se organizará la producción y distribución a nivel mundial de sus prendas.

Sobre la pasarela se han visto monos, vestidos trenzados, lazadas, cuerpos engarzados con bandas laterales, bikinis y dos magníficos canguros estampados, además de vestidos con flecos y blusas de efecto tornasolado, prendas confeccionadas con organzas técnicas o nailon.

La arquitectura y la exuberante naturaleza costarricense son las que han inspirado a Juan Duyos para construir sobre telas exquisitas una colección de colores impactantes, con rojos intensos, clorofila en blusas y verde agua en pailletes de vestidos y camisolas. "Pura vida", la popular frase con la que recibe Costa Rica, cobra vida sobre la pasarela.

Con un respeto absoluto a la cultura del país centroamericano, Duyos ha trasladado esa "riqueza artística de una manera muy personal" a las prendas.

Ha incorporado a cada "look" complementos elaborados por artesanos locales como los pendientes que han lucido las modelos: hojas de palmera, creados a partir de "residuos de plástico reciclados" o las coronas de cristal y metal que representan las hojas de las plantas del café.

La vistosidad del color de pájaros como las lapas sirve para crear falda y blusa, de escote vertiginoso, con lentejuelas de rojo intenso mientras que la belleza del aguamarina del mar se plasma en un vestido de líneas rectas, para dar paso a una blusa de seda con la imagen de un colibrí que se multiplica en negro.

Las lazadas son un complemento más en versión maxi en la parte delantera de vestidos y cayendo sobre la espalda anundando al cuello. Las mangas terminadas en volantes ofrecen movimiento a una costura estructurada, en la que se percibe la delicadeza de los bordados en azabache, de hojas de palma sobre tul, realizadas con manos primorosas.

Las líneas rectas en vestidos estampados muy estructurados y la estampación de color son un guiño a la arquitectura "brutalista", con hombreras casi delineadas a escuadra y cartabón, que conviven con pantalones rectos de flores extragrandes.

Roberto Diz también se inspira en otro país, en este caso muy querido y donde pasó gran parte de su infancia, Portugal. "Yo nací en una pueblo justo en la frontera y me siento parte de las dos culturas", por ello ha querido rendirle homenaje: un desfile.

Singulares piezas de orfebrería de anticuarios portugueses, elaboradas por artesanos del país han viajado hasta sus vestidos en forma de lazos y cruces que se incorporan a las prendas.

Pero la "filigrana portuguesa" también está presente en una magnífica chaqueta de ecopiel metalizada completamente calada.

"He apostado por una colección más comercial, por prendas más urbanas", comenta el diseñador, sin alejarse por completo de piezas que invitan a desfilar por la alfombra roja de un estreno cinematográfico, para las que apuesta por diseños con más volumen, "pero que ganan en ligereza respecto a colecciones anteriores", en blanco y negro.

Por primera vez, Diz incorpora un estampado a su colección, en la que aparecen colores intensos como el naranja "en recuerdo a las naranjas lusitanas". Los blancos tienen también protagonismo y piezas en negro, "en recuerdo al luto portugués", algunas de ellas en tejido de red.

Una de las piezas estrella es un traje de pantalón, de corte esmoquin en blanco, en el que en la parte posterior de la chaqueta-capa aparece serigrafiada la Virgen de Fátima, bordada en azabache.

"Mi abuela era portuguesa y siempre tendré una relación muy especial con esta tierra", concluye Roberto Diz.

Más de tres décadas lleva Hannibal Laguna cosiendo vestidos, una prenda en que refleja su ADN, identidad, estilo y creatividad como se ha visto esta tarde en la pasarela madrileña.El venezolano, en esta nueva colección, continúa la línea anterior y apuesta por una explosión de color. Destacan los vestidos de noche con bordados tridimensionales, llenos de volúmenes y con contenidas transparencias que dejan al descubierto escotes y espaldas.

Los volantes conviven con los característicos patrones "New Look" de Dior que tantas veces y tan bien trabaja Hannibal Laguna, que en esta ocasión vuelve a proponer siluetas drapeadas de los 80.

Sus clásicas flores, sello de la casa, esculpen los diseños con bonitos hilos de colores que se traducen en amarillos intensos y verde clorofila en vestidos de fiesta y cóctel que combinan con maestría bordados con cristales de fuertes tonos.

Una colección de fiesta en la que no faltan pantalones, cortes midi y textiles estampados, donde las mangas abullonadas fijadas con amplia botonadura en la muñeca tienden a desaparecer, en un juego de sí y no, en algunos diseños.

Una explosión de fuerza y de color con la que siempre arroya el universo de Agatha Ruiz de la Prada, que ha presentado una colección "muy ponible" y "muy larga", con más de setenta salidas que, como siempre, desprende a raudales grandes dosis de "diversión".

Rosa chicle o amarillo vertebran la propuesta que presenta en la pasarela madrileña. "Nunca he estado tan emocionada", ha comentado a Efe la diseñadora que viaja sin parar mostrando su creatividad al mundo.

Agatha Ruiz de la Prada ha adoptado la comodidad como bandera, "es lo más importante en la moda", asegura, un objetivo que pone en practica con prendas que visten a la mujer de la mañana a la noche.

"Se puede ser moderna y lucir sexy, pero cómoda", dice mostrando tops y pantalones ajustados de estilo deportivo, con estampados que tienen los palos de golf como protagonistas, faldas acolchadas, sin dejar de lado sus icónicos corazones.

Dibujos geométricos, faldas plisadas, vestidos de topos y diseños en terciopelo han puesto el broche final a esta colección con la que ha querido celebrar el 75 aniversario de la revista ¡Hola!.

Como contrapunto a tanta energía, Roberto Torretta hace de la sobriedad su eje con un trabajo en el que resalta la "continuidad" de la colección anterior, con una "sastrería masculina" muy presente, propuestas en las que abunda la superposición, ha explicado el diseñador.

"Cruzamos una fina línea hacia la estética de los años '70 teniendo a Marissa Berenson como referente", ha indicado Torretta. Abrigos, trajes de chaqueta con bermudas y siluetas midi, encajan a la perfección en un estilo "práctico, pero no exento de glamur".

Los volúmenes con nudos y cortes transversales para el día. En cambio, los cortes delineados en napa dan paso a una noche más escasa que en otras ocasiones; en gris y negro, en moiré con lentejuela de seda.

El día tuvo un recuerdo emocionado a Cuca Solana la impulsora de la pasarela madrileña que falleció en el mes de marzo. EFE

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