Inmaculada Tapia | EFEMadrid

Si la primera "influencer" de la historia fue la reina Victoria de Inglaterra, el primer "hipster" podríamos aventurar que fue el escritor Mariano José de Larra; la pintura nos descubre cómo reinas, cantantes de ópera o escritores fueron prescriptores de tendencias, como lo son ahora modelos o actores.

La influencia del Romanticismo en las tendencias del cabello actual es evidente, tal y como demuestra la exposición "Teje el cabello una historia. El peinado en el Romanticismo", que se ha presentado esta mañana en el Museo del Romanticismo.

En aquel momento París era el centro de la moda, pero también Inglaterra, una época en la que la peluca, como gran ornamento, "desaparece" con la Revolución Francesa. Un adorno en el que incluso se llegaron a incorporar "fragatas y teatros", ha explicado Carolina Miguel, conservadora del museo y comisaria de la exposición.

Tras la Revolución el cabello recupera su color natural, se suprime el empolvado y se incorporan los bucles como sinónimo de belleza. Un momento en el que conviven con peinados más sencillos, con el cabello pegado a la cabeza y la raya siempre en medio, donde las cantantes de ópera María Malibran y Adelina Patti eran el modelo a seguir para muchas damas.

"Ellas eran las que marcaban la moda del momento, la ópera era un fenómeno universal que traspasaba fronteras", explica Carolina Miguel.

¿Quién le iba a decir a Blanca Suárez, a Jennifer López o a Rosalía que sus moños altos, en la zona parietal de la cabeza, los lució primero María Malibran, a principios del XIX?.

Poco antes de la mitad de siglo, en los 40, se produce el ascenso de la burguesía, un hecho que tiene un claro reflejo en el peinado. Es entonces cuando las mujeres adoptan el "cabello recogido", liso, pegado a las sienes, tal y como lo ha lucido en varias ocasiones en la alfombra roja la actriz Emma Watson.

El arreglo del cabello, del pelo y de la barba no estaba exento de riesgos y de "muchos problemas de higiene", recuerda Miguel, quien añade que por entonces se empieza a recomendar lavar la cabeza una vez al mes.

"Tanto ellos como ellas se depilaban y se teñían el pelo" sin tener en cuenta que los productos que utilizaban para potenciar su belleza, como plomo o arsénico, "no eran precisamente saludables".

La audacia de metrosexuales y "hipsters" de nuestros días se asemeja mucho a la de los dandis y lechuginos de aquella época, que buscaban un arreglo "aparentemente no muy estudiado".

"Los hombres siempre lo han tenido más difícil y aquellos que cuidaban más su aspecto eran objeto de burla", apunta la comisaria de la exposición, que añade que en el Romanticismo el bigote era un modo de "remarcar" la individualidad.

Un recorrido por las salas desvela que las planchas del cabello actual tuvieron su réplica en el XIX en las tenacillas para bucles.

A través de más de 90 piezas, que "normalmente" no están expuestas, como un mechón de Mariano José de Larra, se descubren las tendencias del cabello y su importancia, en aquel momento, como símbolo de recuerdo "para mantener viva la memoria del amor y las personas queridas".

Así lo demuestra la colección de delicadas cajitas que recogen estas pruebas de nostalgia "de madres que cortan el primer mechón de su hijo" o cabellos que son testigo silencioso de un amor que parte a la "guerra", concluye Carolina Miguel. EFE

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