María Muñoz/EFEMadrid

Desde cuerpos esculpidos en el gimnasio hacia la estética metrosexual, pasando por  el culto a barbas pobladas y pelo largo de los “hípsters” y “lumbersexuales” para desembocar en hombres tatuados que visten chándal y siguen la estética del trap, así es como ha evolucionado la estética masculina.

 ¿Cómo es el hombre de moda? La forma de lucir el cabello, la barba, trabajar la musculatura y hasta la manera de pensar son algunos aspectos que, como en todo aquello que se rige por las tendencias, experimentan cambios constantes, haciendo de los conceptos de belleza y canon estético masculino un devenir constante.

Así eran en los 90

 La era de los noventa trajo consigo el “boom” de la apertura de gimnasios, templos de culto al cuerpo que, si bien antes solo estaban destinados a deportistas profesionales, invitaba a los hombres de a pie a trabajar su cuerpo en pos de parecerse a los ídolos de la gran pantalla.

 Brazos musculados, pectorales esculpidos o el “six pack”, término creado para hacer referencia a una zona abdominal definida, marcaban las directrices del canon masculino, en el que la definición de los músculos era la meta a perseguir.

 Un concepto que evolucionó, con el tiempo, al término “metrosexual” en 1999 de la mano del periodista y ensayista Mark Simpson, que trazó una nueva forma de masculinidad a través de este nuevo tipo de hombre, definido por cuidar de forma estudiada su aspecto, y cuyo máximo referente fue el futbolista David Beckham.

 Aunque en 2016 el propio autor del término confesaba en una entrevista que “en la actualidad la mayoría de varones son metrosexuales”, el comienzo de los años 2000 supuso abrir una ventana hacia enfatizar aspectos como la elección correcta del perfume, la cuidada selección de estilismos siguiendo las tendencias o cuidar detalles como la barba o el cuidado del cabello.

 Un prototipo de hombre al que también le saldría un polo opuesto, el “lumbersexual”, aquel varón que cuida su estética sin preocuparse demasiado por ésta, con un aspecto rudo y ataviado con prendas como camisas remangadas de cuadros, que luce junto a una barba poblada y media melena. Un prototipo que encarna el actor hawaiano Jason Momoa, conocido por sus papeles en Juego de Tronos o Aqua Man.

 De aspectos meramente estéticos a los hombres cultivados intelectualmente, con dominio de las nuevas tecnologías y también conocimientos profundos en música, arte o literatura, así son los “hípsters”, dueños de la “cultura subcontemporánea” que, si bien nacieron en 1950, no se han popularizado hasta su “boom”, entorno al año 2010.

 Jóvenes bohemios, de clase media y alta que suelen vivir en entornos cosmopolitas con lo alternativo por estandarte. Estéticamente se diferencian por el uso de ropa de segunda mano, gafas de pasta y barba o bigote, además de estar ligados a determinadas marcas como Apple o Starbucks, y que si bien se manifestaban como genuinos, comparten este criterio estético.

 Y contra este manifiesto estético y cultural, nace un nuevo subgénero de hombre, influenciado por algunos cantantes del momento que abanderan las subculturas del trap y reivindican los orígenes humildes. Chándal ancho, complementos como anillos y cadenas de oro y zapatillas Nike de diseño. Un atuendo que, si bien a primera vista puede parecer accesible, se compone de prenas de diseño o ediciones limitadas.

 Drake, Justin Bieber, el italiano Fedez o Bad Bunny pertenecen a este tipo de nueva masculinidad, que se pinta las uñas de colores desdibujando los códigos estéticos de género, mientras apuesta por los tatuajes como sello de identidad o zapatillas Nike exclusivas, que pueden llegar a superar los mil euros.

 Una corriente que, ya presenta en tiendas versiones “lowcost” e inunda el “street style”, haciendo del chándal y las zapatillas deportivas exclusivas el atuendo del hombre actual, que escucha trap y se vincula a la estética marginal. EFE