EFEMadrid

Un diseño de alta costura se mide en la calidad de los tejidos, en la artesanía de sus costuras, en los minuciosos y delicados bordados que ya pocas manos pueden realizar y que por eso resultan más exclusivos y difíciles de encontrar.

Así son los de la bordadora francesa Elisabeth Gasbarre, que ha trabajado para el taller de Cecile Henri en París, uno de los habituales a los que recurren "maisons" como Dior, Chanel, Hermés o Azzaro para realizar pura artesanía sobre sus diseños de alta costura.

Gasbarre aprendió, y luego ha perfeccionado en su propio taller, la técnica de bordado "Luneville", de la que imparte cursos de especialización, que también ha desarrollado en Madrid a través de Work Experience Fashion.

Se trata de una técnica de bordado tradicional "presente en las casas de alta costura desde el siglo XIX" y que lleva por nombre la ciudad francesa de la que procede. Una técnica que, a finales del siglo se amplió y enriqueció, incorporando perlas, lentejuelas y una amplia gama de incrustaciones.

"Es un bordado muy especial en el que la tela se tensa muy fuerte a un bastidor y que permite un punto en cadena que hace que se puedan incorporar perlas y lentejuelas", explica a Efe Gasbarre.

La especialista detalla que se trabaja con la "tela al revés", lo que le añade una especial dificultad, "pero cuando la descubres y ves el resultado solo puedes exclamar: ¡Oh, Dios mío!. Con ella se pueden hacer cosas extraordinarias", comenta.

El bordado permite realizar puntadas en los tejidos más delicados de manera eficiente. El trabajo resulta tan minucioso y complicado que primero se realiza el bordado y después "construyes el vestido", indica Gasbarre, un trabajo de "gran creatividad, pero con muchas limitaciones técnicas".

Una razón por la que considera vital la conexión entre diseñador y artesano. Cuando eso sucede es "maravilloso", pues no siempre la idea inicial del creador se puede plasmar sobre el bordado.

"A veces soy yo la que decide qué tela utilizar y cómo hacer un bordado especial. No se puede hacer todo lo que imaginas", por lo que reclama "carta blanca para el artesano" para transformar una proyecto que no se puede plasmar de inicio en un bordado.

En una ocasión, un cliente la pidió que confeccionara con este bordado especial una chaquetilla de torero, pero en pantalón. "En ese momento tuve que recurrir a la inspiración porque no soy española y porque quería complacer su sueño. Con mucho esfuerzo lo conseguí", comenta al reseñar que solo uno de los lados la llevó alrededor de 110 horas de trabajo.

"Contemplar su asombro al ver el trabajo fue uno de los momentos más emocionantes de mi vida porque conseguí cumplir su sueño", señala aún admirada Elizabeth Gasbarre.

Sin embargo, recuerda su decepción cuando un diseñador le solicitó un bordado con las plumas del pavo real, trabajo al que decidió incorporar, en el último momento, cristales de Swarovski. "La decepción de su rostro cuando lo vio fue demoledora", pero tenía arreglo, pudo descoser los cristales y "problema resuelto".

Modelos únicos

La alta costura es un proceso rico porque los materiales con los que se trabaja lo son y porque "está hecho a mano". Es un diseño de una sola puesta. No se lavan porque son "piezas de arte, modelos únicos en los que en cada uno se modifican pequeños detalles. No hay un bordado igual".

A pesar de todo lo que visto en la moda, sigue vibrando cuando contempla momentos de genialidad sobre la pasarela como cuando Gaultier creo un vestido con la imagen de un tigre que aparecía con el movimiento de las lentejuelas.

Reconoce su enfado cuando los alumnos o algún cliente quiere rebajar el valor de una pieza realizando el bordado en una camiseta o en cualquier tela de uso diario.

"Hablamos de un material de calidad que con el tiempo no se podrá utilizar", dice esta bordadora, que desvela que a pesar y por ese motivo no tiene un vestido completamente bordado.

"El bordado es frágil no se pueden utilizar este material para hacer sobre una camiseta para enriquecerla o para la bolsa de la compra. Las perlas se van, es un hilo. Si quieres algo seguro compra prendas low cost", dice determinante, cuando ve en esta práctica un objetivo aspiracional.

"La alta costura es una manera de soñar. El dinero no da el gusto. El gusto se educa", comenta, haciendo alusión al gusto de todo tipo de personas por aprender a bordar. "Es una ilusión, una energía positiva, una manera de mantener viva la cultura".

Gasbarre asegura que para ella el bordado "es una necesidad absoluta, le da sentido a nuestra vida y nos conecta con las emociones". Se lamenta de que en Francia se vaya perdiendo este tipo de trabajo artesano, de "tradición, que antes se hacía en casa, como el punto, y que continúa en España e Italia, y que tiene un fuerte componente social y emocional de transmisión en la familia", asegura que mientras en el pasado era un valor añadido, ahora "avergüenza y no está reconocido".

"Yo resisto, no sé por cuánto tiempo", concluye Elizabeth Gasbarre.EFE

it