Elizabeth López | EFEA Coruña

A lo largo de 56 años, Norman Parkinson inmortalizo iconos de la moda, la música y el cine del siglo XX. Capturó su estilo en la calle, en lugares exóticos con una fotografía diferente, alejado de esos posados hieráticos en estudios encorsetados

 Antes de disparar una fotografía se ponía un viejo sombrero de cachemira que le daba suerte y, justo después, Norman Parkinson hacía magia con cada composición en la que la moda y el movimiento captados en exteriores transformaron la forma de mostrar la moda femenina durante varias décadas.

El estilo de Parkinson, natural, atrevido y elegante, se puede ver hasta el próximo 19 de enero en la Fundación Barrié de A Coruña, en una exposición retrospectiva que reúne 80 fotografías representativas de las diferentes fases de la carrera del artista, desde los años 30 hasta su fallecimiento en 1990.

Comisariada por Terence Pepper, que fue comisario de fotografía en la National Portrait Gallery de Londres durante más de 40 años, la muestra titulada "Norman Parkinson: siempre son estilo" reúne imágenes muy conocidas del fotógrafo y otras que se recogen en exclusiva para esta muestra en una vitrina, como el retrato a la Reina Sofía de 1981 o la fotografía a Irene Jiménez de la Iglesia.

Norman, nombre que adoptó como pseudónimo profesional pues se llamaba Ronald William Parkinson Smith, nació en 1913 en Londres y expuso por primera vez en 1935 obras tan importantes como su retrato de Vivien Leigh.

Trabajó para numerosas revistas y fue el mayor exponente del realismo de acción, caracterizado por sacar a las modelos de espacios interiores, estáticos y muy controlados al exterior, donde las modelos se mueven con naturalidad en escenarios de la vida real.

Esa forma de trabajar lo llevó a buscar localizaciones por todo el mundo, incluso se retiró durante unos años a una propiedad que adquirió en Tobago.

En la presentación de esta retrospectiva, Pepper, comisario en más de 150 exposiciones de fotografía, recuerda de Norman que era una "persona excelente", muy abierto, y el fotógrafo "más extraordinario" que ha conocido jamás.

Norman "lo hizo todo primero", antes que nadie en la fotografía de moda, explica, porque tenía una "gran variedad de intereses, combinaba muchos temas distintos y por eso era muy especial".

"Creía en la fortuna, en esa magia, en ese momento de suerte" que le daba su viejo sombrero a la hora de hacer fotografía, pero no solo con modelos, también en la calle, de manera improvisada.

"No podías estar en el mismo sitio que él sin que sacase su cámara e intentase fotografiar algo", asegura el comisario.

Barcos, playas, parques, calles o aviones son algunos de esos escenarios en los que Parkinson retrató a sus modelos, en blanco y negro y en color, a veces al estilo de una pintura y otras con posiciones incluso arriesgadas, convirtiéndolas en las verdaderas protagonistas. De hecho, Norman acabó casándose con su musa, Wenda.

Una de las fotografías que hizo y ante la que reconoció sentirse deslumbrado por su magia fue la realizada en 1939 a la modelo Pamela Minchin y tomada en el aire con un bañador en una isla para Harper's Bazaar; en los 40 y 50, de su colaboración con Vogue destacan las cuatro modelos con sombrero ante los rascacielos neoyorquinos.

En sus imágenes, la moda no era lo de menos pero no siempre era la protagonista, también captaba el movimiento, el detalle, los materiales, las telas que llevaban las modelos.

Después, Parkinson trabajó para la revista The Queen y empezó a descubrir nuevas modelos, hasta que en los 70 consagró a Jerry Hall e Iman como superestrellas.

Fue en estas dos décadas cuando hizo fotos icónicas en el ámbito de la música a The Rolling Stones y The Beatles, y en el de la moda a diseñadores como Yves St.Laurent o Hubert de Givenchy.

A Parkinson le "encantaba sacar fotos de personas famosas" porque "no todo era moda", evoca Pepper, en su trabajo el "50 % era moda y el otro 50 % era cultura", algo "que era rompedor y novedoso".

El año 1981, en una década marcada por su galardón de caballero de la Orden del Imperio Británico, fue el de su primera gran retrospectiva en la National Portrait Gallery de Londres, comisariada también por Terence Pepper con motivo de sus 50 años en el mundo de la moda, aniversario que coincide en esta ocasión con el medio siglo que cumple la Fundación Barrié que acoge ahora, en primicia en España, esta nueva retrospectiva de Parkinson.

"Hoy en día importa más la moda que otra cosa" pero, en opinión de Pepper, "es interesante encontrar el equilibro entre ambas partes de la cultura".