María Muñoz EFEMadrid

Verónica Blume es a sus 41 años un rostro icónico del elenco de las supermodelos de los años noventa y también una fiel seguidora del yoga, que cambió por las pasarelas y que es además de su pasión su mayor proyecto profesional.

Blume comenzó su andadura en la industria de la moda tras ganar el concurso "Supermodelo del año" en 1993. Desde entonces su presencia se convirtió en indispensable en los circuitos internacionales de desfiles, además de protagonizar grandes campañas en revistas de renombre. Pero un día decidió poner punto y a parte en su meteórica carrera, haciéndolo en favor del bienestar personal reportado por una práctica entonces desconocida: el yoga.

Dieciséis años han pasado desde que Blume se bajara de las pasarelas para empezar su camino en el yoga. Hoy en día, cuenta con su propio estudio en Barcelona donde imparte clases, además de lanzarse a nuevos proyectos profesionales marcados por esta disciplina, que -según asegura- es también un estilo de vida.

Estilo de vida y profesión

"El yoga ha sido una forma de cambiar la relación conmigo misma", confiesa la modelo en una entrevista con Efe sobre esta disciplina, por la que abandonó el mundo de la moda tras diez años consagrada como una de las modelos referentes en España en la década de los noventa.

Según reconoce, el ambiente en el que se crió tuvo una gran influencia en su acercamiento a la práctica: "mis padres eran muy alternativos, viajábamos mucho, por lo que aprendí muchos idiomas y conocí diferentes estilos de vida desde pequeña" explica.

"Era etiquetada de hippie, aunque la verdad es que lo era"

"Estuve diez años en el mundo de la moda, una industria que me ha dado muchas cosas, pero que nunca me llenó", reflexiona la alemana sobre su retirada del sector, para centrarse en el mundo del yoga y la meditación, disciplinas por aquel entonces mucho más desconocidas que ahora.

"Cuánto más brillo y glamour de los años noventa conocía, más me atraía todo lo contrario, tenía una lucha constante con la estética y buscaba algo más".

Y es que su andadura en esta praxis comenzó hace dieciséis años, cuando era mucho menos conocida en occidente, alejada de los centros de deporte y estética. "Era etiquetada de hippie, aunque la verdad es que lo era", confiesa sobre su etapa de inicio, condicionada principalmente por el embarazo de su hijo Liam.

Así es como la modelo se mudó a Ibiza, donde retirada en una residencia de la zona de la sierra comenzó a practicar meditación y yoga para embarazadas: "Ahí lo tuve claro", sentencia sobre su vocación.

Respecto a sus inicios, resalta que empezó con la vertiente denominada "kundalini", compuesta por movimientos aeróbicos y energéticos. Ahora, afirma practicar " vinyasa", una corriente más fluida y lenta, en la que la meditación y la respiración juegan un papel clave.

"Tenía una lucha constante con el mundo de la estética, buscaba algo más"

 "Si tuviera que quedarme con una parte, sería con la meditación, es lo que más me ha cambiado", explica sobre los beneficios personales que le ha reportado vincularse a este estilo de vida, y resalta que cuando el cuerpo y la mente consiguen trabajar juntos durante la práctica "surge la aceptación, que ayuda a vivir en paz y a disfrutar del momento", detalla.

La práctica de los principios y pautas al yoga se ha convertido en el axioma central del día a día de Blume, introduciéndolos en hábitos diarios que van desde "darle en todo momento la importancia que se merece a un estado mental sosegado" hasta cuidar su postura cuando camina, se sienta o descansa. Pequeños "gestos" que contribuyen al bienestar físico y mental, según explica.

Así es como lo ha contado durante la presentación de su nuevo proyecto profesional, la creación de seis "podcast" sobre meditación con la marca Storytel, focalizadas hacia la conexión interior bajo el título "El camino de vuelta". Además, en uno de los episodios, colabora con su amiga y ex compañera de profesión, la modelo Martina Klein. EFE

Por María Muñoz