Uno de los grandes objetivos de la ciencia ha sido averiguar si en Marte hay metano, un gas formado en procesos geológicos o biológicos y que, por tanto, puede ser una prueba de la existencia de vida. Hoy un estudio en Nature concluye que, en contra de lo publicado hasta ahora, en el planeta rojo no hay metano.

Para llegar a esta conclusión, los científicos se han basado en los datos recogidos por el orbitador satélite para el estudio de gases traza (TGO) de ExoMars, una misión conjunta de la Agencia Espacial Europea (ESA) y de la rusa (Roscosmos) diseñada para estudiar la composición de la atmósfera marciana.

Los datos recabados por el satélite en su primer año en órbita a 400 kilómetros sobre la superficie del planeta rojo, han permitido realizar otro estudio -que también se publica hoy en Nature- y que constata que las tormentas de polvo en Marte tienen fuertes efectos sobre su atmósfera y sobre el vapor de agua, una información esencial para entender la historia del agua en ese planeta.

Para su misión científica, el TGO está equipado con dos espectrómetros de alta resolución, NOMAD y ACS, que permiten tener "una precisión altísima de la composición atmosférica de Marte" y, en especial, de los compuestos minoritarios", explica José Juan López Moreno, científico del Instituto de Astrofísica de Andalucía y coinvestigador principal del NOMAD.

Estos dos instrumentos han buscado gases traza, que en total ocupan menos del uno por ciento del volumen atmosférico de Marte y cuya detección exige técnicas de medición extremadamente precisas, ya que se miden en partes por mil millones (ppbv).

Según las mediciones del TGO, cuyos instrumentos tienen "una precisión muy superior a la usada hasta ahora, globalmente, la presencia de metano en Marte está por debajo de los 0,05 ppbv y en algunos puntos incluso se queda en 0,012 ppbv, un valor extremadamente bajo que demuestra que al menos en los últimos 300 años no ha habido metano", apunta López-Moreno en declaraciones a Efe.

El rover Curiosity en el cráter Gale. @NASA/JPL

Estos datos, sin embargo, contradicen los resultados de estudios previos como el publicado en Science en 2004 con datos de la misión europea Mars Express, que hizo una de las primeras mediciones de metano en la atmósfera marciana poco después de llegar al planeta.

En 2013, el rover de la NASA Curiosity sugirió que el nivel de metano oscilaba entre el 0,2 y 0,7 ppbv según la estación y la semana pasada un estudio publicado en Nature Geoscience con datos del espectrómetro PFS del Mars Express respaldaban las mediciones del Curiosity.

Para López-Moreno y el equipo del NOMAD no hay duda: el TGO no ha hallado rastro de metano porque no lo hay. "Si no lo vemos es porque no está ahí y al menos en los últimos 300 años no ha estado. El metano no desaparece en un plazo corto".

"Inicialmente, el Curiosity no encontró metano pero después, revisaron los datos y concluyeron que sí había y lo publicaron en Science" pero para el investigador del IAA las mediciones pueden ser incorrectas.

Esos datos fueron respaldados posteriormente con el PFS, que tiene "muy poca resolución espacial y espectral" y que "no podía resolver la línea del espectro de la luz porque estaba principalmente destinado a hacer otro tipo de mediciones pero no específicamente para estudiar la presencia de compuestos muy minoritarios como el gas metano".

El TGO, sin embargo, cuenta con dos instrumentos muy avanzados que tienen una sensibilidad muy superior a la del PFS y aunque reconoce que es "un tema tremendamente controvertido", para López-Moreno no hay duda: en Marte, al menos en los últimos 300 años, no ha podido haber metano y si hace 15 años estaba ahí, "allí debería seguir porque tarda unos 350 años en desaparecer".

"Habría que desarrollar una nueva físico-química atmosférica para poder poner en acuerdo las observaciones realizadas hasta ahora", concluye.

Tormentas de polvo marcianas

Por otra parte, las medidas de alta resolución de NOMAD y ACS han registrado el impacto de una tormenta de polvo en la atmósfera de Marte, un evento que puede durar meses, alterar la distribución del vapor de agua y cambiar potencialmente el clima del planeta.

Ambos instrumentos han tomado medidas de la distribución vertical (desde la superficie hasta una altura de 80 km) el vapor de agua, el polvo y el HDO o "agua semipesada" (agua que contiene una cantidad superior a la normal del isótopo de hidrógeno deuterio).

Sus mediciones revelan que durante la tormenta, que comenzó el 30 de mayo de 2018, la abundancia de agua y HDO aumentó rápidamente.

Los investigadores sugieren que esto puede ser el resultado del aumento de la temperatura durante la tormenta, lo que causó una circulación atmosférica más fuerte y previno la formación de nubes de hielo, que pueden limitar el vapor de agua a altitudes más bajas.

Imagen del planeta rojo. ESA

Los hallazgos revelan el rápido impacto de las tormentas de polvo en el ambiente marciano.

"Estas mediciones son fundamentales para entender la evolución de Marte desde un clima cálido y húmedo en el pasado remoto hasta el actual clima seco y frío", detalla el investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía y coautor del trabajo, Francisco González-Galindo. EFE