EFEBarcelona

El Barcelona Supercomputing Center (BSC) albergará el primer ordenador cuántico basado en tecnología de circuitos superconductores del sur de Europa al coordinar las labores de Quantum Spain, un proyecto en el que el Gobierno ya ha aprobado destinar 22 millones de euros.

Se trata de una iniciativa estratégica para Europa, que no quiere quedar atrás en la carrera de la cuántica que ya lideran Estados Unidos y China, una iniciativa en la que participarán 25 universidades y centros de infraestructuras y de supercomputación de 14 comunidades autónomas, han explicado responsables del Barcelona Supercomputing Center en un encuentro con periodistas.

El objetivo es dar lugar a un ecosistema de computación cuántica en España, una tecnología todavía en sus inicios pero con grandes potencialidades en inteligencia artificial, química cuántica, finanzas, criptografía, ciberseguridad o logística, y que será complementaria y no sustitutiva a la que ya usa el superordenador Marenostrum.

La computación cuántica es "una tecnología tremendamente disruptiva y emergente que se encuentra en sus primeras fases a nivel mundial, todavía lejos de aplicaciones comerciales", ha explicado el director asociado del BSC, Josep Maria Martorell.

La Unión Europea ha decidido competir en la carrera de esta tecnología para no tener que depender de terceros y porque, además, estos terceros no están dispuestos a vender sus ordenadores cuánticos.

Así lo ha explicado la coordinadora del proyecto, Alba Cervera, que ha puesto como ejemplo que para sus investigaciones empresas estadounidenses le permiten usar sus ordenadores cuánticos, pero en ningún caso se plantean venderlos.

Cervera también ha dicho que la previsión es que para finales de 2022 el BSC ya cuente con un ordenador cuántico y un primer chip que se irá cambiando a medida que se produzcan otros chips de mayor rendimiento.

Estos chips no los producirá el BSC sino que se adquirirán a terceros, preferentemente empresas españolas o, de no ser posible, europeas.

La computación cuántica procesa la información de una manera totalmente diferente al superordenador Marenostrum, puesto que funciona mediante mecánica cuántica.

Por ello, los dos sistemas son compatibles y uno no sustituye al otro, si bien en casos en los que se puedan usar los dos es preferible utilizar el ordenador cuántico, que gasta menos energía y procesa datos a una velocidad mucho mayor.

Los 22 millones de euros aportados inicialmente por el Gobierno podrán llegar a ser 60 mediante la financiación de diferentes proyectos europeos.

El proyecto está enmarcado en la estrategia Nacional de Inteligencia Artificial (ENIA) y va mucho más allá de un ordenador físico, puesto que aspira a crear un ecosistema investigador y empresarial alrededor de esta tecnología.

Uno de los actuales déficits de España, ha explicado Cervera, es que hay "muy poca gente" dedicada a la computación cuántica: "La gracia del proyecto también es generar una masa crítica que haya sido educada aquí", ha dicho.

La construcción de este ordenador cuántico será una de las cuatro patas del proyecto, con el que también se quiere facilitar el acceso a esta tecnología a investigadores o empresas, descubrir nuevos algoritmos cuánticos y sus aplicaciones en la inteligencia artificial y lanzar programas de formación en computación cuántica.

Otros países europeos como Finlandia o Alemania han emprendido iniciativas similares a la española en la búsqueda de la "soberanía tecnológica" de Europa, no solo respecto a terceros países sino también con relación a Google, IBM, Amazon o diversas empresa chinas, más avanzadas en la materia que la gran mayoría de estados.

Cervera ha explicado que un ordenador cuántico tiene unas dimensiones reducidas, nada que ver con el gran tamaño del Marenostrum, y en su interior logra alcanzar "la temperatura más fría del universo".

Esta tecnología debe servir para "resolver los problemas desde otro punto de vista", puesto que la mecánica cuántica estudia sistemas atómicos y subatómicos, que son las partículas prácticamente más pequeñas imaginables.

En resumen: con todavía muchos interrogantes sobre qué podrá aportar la cuántica, Europa se ha propuesto no quedarse atrás en la carrera por descubrirlo y Barcelona será uno de los epicentros de la investigación.