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Entre la naturalización de un gran elefante africano en los años treinta y la instalación de un gigantesco esqueleto de dinosaurio en los ochenta transcurrió la historia más desconocida y difícil del Museo Nacional de Ciencias Naturales; exílios, recortes y avatares que convirtieron esos años en tiempos heroicos para la ciencia.

Los dos se han convertido hoy en los símbolos de un Museo que se ha consolidado como una de las instituciones científicas más importantes de España en el ámbito de las ciencias naturales por la capacidad investigadora y por la calidad de sus exposiciones.

Esa etapa, la más sombría y desconocida del Museo (entre la Guerra Civil y los primeros años de la democracia), ha sido recuperada en el libro "Del elefante a los dinosaurios. 45 años de historia del Museo Nacional de Ciencias Naturales (1940-1985)", un trabajo que culmina un proyecto de investigación incluido en el Plan Nacional en el año 2016.

Coordinado por las investigadoras Carolina Martín Albadalejo y Soraya Peña Camus, el libro -que se presenta hoy- recupera los 45 años de historia que transcurrieron desde que acabó la Guerra Civil y el Museo se segregó en tres instituciones científicas hasta que en el año 1984 volvieron a reagruparse.

Hitos y frustraciones

Dieciséis investigadores aportan en la obra su visión sobre el devenir de esta institución (adscrita ahora al Consejo Superior de Investigaciones Científicas) durante esos años, los hitos más importantes, la evolución de sus fondos y colecciones, pero también el declive que sufrió y algunas de sus frustraciones (ni fue ampliado ni cambió de sede).

 El libro incluye numerosas fotografías que ilustran medio siglo de historia y que las investigadoras que han coordinado la publicación han logrado, para paliar la escasez de material gráfico, gracias a varias iniciativas que han involucrado a la ciudadanía.

En declaraciones a EFE, Carolina Martín y Soraya Peña han subrayado que en los años inmediatamente anteriores a la Guerra Civil esta institución tuvo una gran actividad museística y han destacado la renovación arquitectónica que se inició a finales de los años ochenta coincidiendo con la llegada del dinosaurio al Museo.

Pero el libro se centra en lo que sucedió entre esos dos momentos, han observado, y han recordado que fueron tiempos heroicos para muchos; que una parte del personal del Museo se tuvo que exiliar y los que se quedaron tuvieron que enfrentarse a unos presupuestos muy escasos con los que mantener la investigación, conservar las colecciones científicas y cuidar las exposiciones.

La falta de espacio persiste

"El Museo sufrió esos años la degradación de alguna de sus secciones y la pérdida de su dedicación investigadora", han manifestado las investigadoras, que han corroborado que algunos de los obstáculos que tuvo que afrontar la institución todavía no se han superado.

El escaso presupuesto y la falta de personal propiciaron una inadecuada conservación de valiosos fondos, el deterioro de algunas piezas y el robo de otras, pero por encima de todos los avatares del Museo las investigadoras citan la falta de espacio, un problema que persiste en la actualidad.

"El pasado tiene mucho peso en el presente", han manifestado, y han apuntado en ese sentido que el Museo tiene una larga historia que empezó en 1771 y que desde entonces "no ha hecho más que mejorar".

La obra que han coordinado revela las vicisitudes de uno de los periodos más desconocidos y oscuros del museo, aunque las dos investigadoras han corroborado en que ha logrado consolidarse como una de las principales instituciones científicas del país y que todavía tiene "un magnífico potencial aún sin explotar que le permitirá un mayor desarrollo".