EFEMálaga

La extinta hiena gigante caricorta fue la única responsable de las acumulaciones de restos óseos conservados en el yacimiento de Venta Micena, en Orce (Granada), según ha puesto de manifiesto un nuevo estudio de la Universidad de Málaga.

Este yacimiento paleontológico tiene una antigüedad próxima a 1,6 millones de años y atesora un registro fósil excepcional de las comunidades del Cuaternario europeo, según han informado a EFE fuentes de la Universidad malagueña.

De los 400 metros cuadrados excavados se han recuperado varias decenas de miles de restos fósiles, que comprenden anfibios, reptiles, aves, micromamíferos y grandes mamíferos como elefantes, hipopótamos, rinocerontes y caballos, entre otros.

De las diez localidades, la que responde a las siglas VM3 es la más estudiada y se ha interpretado como un cubil de cría de hiena gigante, cuyo tamaño igualaba al de una leona, de más de 120 kilogramos.

Allí, las hienas transportaban los cadáveres de las presas arrebatadas a los cazadores dominantes del ecosistema, tigres con dientes de sable y lobos pintados.

Una vez en su cubil, procedían a fracturar los huesos para acceder al tuétano de su interior, lo que generó un ingente basurero de restos esqueléticos en su entorno.

Desde 2005, también se excava otro corte, VM4, cuyo registro fósil muestra una conservación algo mejor que la de VM3, por lo que investigadores sugirieron que dicha acumulación podría haber sido generada por otro carnívoro con menor capacidad de fracturar huesos que las hienas.

Sin embargo, el estudio de la Universidad de Málaga concluye que la muestra de el VM4 se generó también en el entorno de un cubil de hienas, aunque esta acumulación presente una mayor frecuencia de elementos en conexión anatómica y menos marcas de corte por carnívoros.

En comparación con VM3, esto indica que los huesos de VM4 estuvieron menos tiempo expuestos a las inclemencias atmosféricas y al mordisqueo por las hienas antes de su enterramiento en el sedimento.

Además, el catedrático de Paleontología de la institución malagueña Paul Palmqvist manifiesta que ningún cubil de cría de hienas puede tener una extensión tan grande, sino que se trata de "cubiles diferentes, separados en el espacio y en el tiempo”.

Según el experto, el estrato Venta Micena, con un espesor aproximado de un metro, muestra diversos niveles de emersión, que corresponden a la estación seca de varios años consecutivos.

En aquellos momentos, cuando el nivel de las aguas del lago pleistoceno de Baza descendía, las hienas establecían sus cubiles en la llanura alrededor del lago.

Al llegar las lluvias, el nivel de las aguas subía cubriendo y conservando con fango calizo los cubiles y el basurero de huesos acumulados en ellos por las hienas.

Así, se concluye que, dado que las hienas seleccionaban cada año al azar el emplazamiento de sus cubiles, transcurrido el suficiente número de años la totalidad de la llanura se cubriría de restos óseos.

El año en el que tuvo lugar la acumulación de VM3 las lluvias invernales se retrasaron y las aguas del lago tardaron más en subir, lo que dio tiempo a las hienas (y a la meteorización) de actuar más a fondo sobre los huesos.

En cambio, el año en el que se generó VM4 las lluvias se adelantaron, por lo que tanto las hienas como las inclemencias atmosféricas modificaron menos los restos esqueléticos acumulados en el cubil.