EFEUSAWashington

Dos astronautas saldrán el viernes de la Estación Espacial Internacional (EEI) en el primero de varios intentos por reparar un instrumento que ha cumplido su vida útil y que está destinado a intentar hallar la materia oscura, cuya existencia sólo se infiere.

El actual comandante de la EEI, Luca Parmitano, de la Agencia Espacial Europea, y el ingeniero de vuelo de la agencia espacial estadounidense NASA Andrew Morgan llevarán a cabo el viernes la primera de cuatro jornadas de labores extravehiculares que buscan reactivar el detector de rayos cósmicos conocido como Espectrómetro Alfa Magnético (AMS, en inglés).

La mayoría de los científicos coinciden en que las moléculas, los planetas y las estrellas comprenden menos del 10 por ciento de la masa y energía en todo el universo, y el resto es lo que llaman materia oscura, algo que no emite radiación electromagnética y es transparente en todo el espectro.

La existencia de esta supuesta materia sólo puede inferirse sobre la base de su efecto gravitacional en la materia de las estrellas y otros cuerpos cósmicos, y por las interferencias o trastornos percibidos en el fondo cósmico de microondas en el universo.

El AMS, diseñado para una misión de tres años, ha estado cribando las partículas de rayos cósmicos tras las pistas de esta sustancia misteriosa desde que entró en funcionamiento en la EEI en 2001.

Entender de qué está hecho el universo

El instrumento registra el número de partículas que pasan por todos sus detectores, y hasta la fecha ha fichado más de 140.000 millones de partículas, anotando el tipo de partícula y características tales como masa, velocidad, carga y dirección de su trayectoria.

El AMS ha suministrado a los científicos de todo el mundo, empeñados en saber más sobre la materia oscura y el origen del universo, datos que ayuden a entender de qué está hecho este universo.

"Ninguno de los resultados del AMS corresponde a lo que se esperaba", dijo el investigador principal de dicho instrumento y Premio Nobel de Física (1976).

Los resultados han proporcionado una información única que incluye la detección potencial de la rara antimateria que puede haber viajado desde los confines del cosmos. En realidad el AMS no ha hallado muestras claras de la materia oscura, pero sí ha transmitido enormes cantidades de datos sobre los rayos cósmicos, cómo viajan a través del universo y qué los produce.

Pero el AMS, que se pensó para que funcionara unos tres años, ya ha cumplido ocho en el ambiente extremo de la órbita a 485 kilómetros de la tierra. Jamás se planificó que fuera sometido a reparaciones y por lo tanto no tiene asideros donde los astronautas puedan sujetarse mientras hacen los arreglos.

El instrumento tiene cuatro bombas de enfriamiento para mantener el rastreador de silicona, uno de los varios detectores del AMS, a una temperatura constante en el espacio donde las fluctuaciones son de cientos de grados.

Si bien sólo se requiere el funcionamiento de una de esas bombas cada vez, varias de ellas empezaron a fallar en marzo de 2014 y tres años después los científicos recurrieron a la operación de la última bomba que seguía funcionando.

En el diseño original de la misión del AMS tampoco se incluyó la fabricación de herramientas específicas dado que, con más de 300.000 canales de datos, se le consideró un aparato demasiado complicado como para repararlo.

"Hemos estado planificando estas reparaciones por cuatro años", dijo Brian Mader, encargado de las labores extra vehiculares. "Cuando se pone a alguien en un traje espacial abultado con guantes presurizados que reducen la destreza, las cosas son muy diferentes. Hay que diseñar herramientas y procedimientos totalmente distintos", agregó.

Además, los astronautas nunca antes en una caminata espacial han cortado y reconectado tuberías de fluidos como las que forman parte del sistema de enfriamiento del AMS. El plan es desconectar el viejo sistema de control térmico, instalar uno nuevo en el costado del AMS y conectarlo al instrumento.