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El confinamiento impuesto en marzo de 2020 frenó drásticamente, hasta casi eliminar, la transmisión del SARS-CoV-2 en España, incluso la de las variantes más contagiosas, pero, a partir del verano, con la relajación de las medidas de control, las nuevas variantes encontraron vía libre para expandirse, primero por nuestro país y después a otros Estados europeos.

Esta es la principal conclusión de un estudio que ha analizado las variantes del coronavirus que circulaban por España durante la primera ola y que se ha publicado hoy en Nature Genetics.

El estudio concluye que el virus del SARS-CoV-2 entró en España por infinidad de sitios procedente de muchos países y que, aunque hubo episodios concretos de superdispersión como el partido de la Champions League entre el Atalanta y el Valencia o un funeral en Vitoria, lo cierto es que su entrada en el país era imparable.

"Entraron tantas variantes por tantas vías que nada lo hubiera frenado. Era imparable y ninguna medida concreta hubiera evitado su expansión", defiende en declaraciones a Efe Mireia Coscollá, investigadora de la Universidad de Valencia (UV) en el Instituto de Biología Integrativa de Sistema y una de las coordinadoras del estudio.

Para hacer la investigación, los autores emplearon 2.500 muestras de pacientes diagnosticados en España durante la primera ola de la pandemia, recogidas en cuarenta hospitales y secuenciadas por el consorcio SeqCOVID, formado por más de cincuenta instituciones españolas y cientos de investigadores liderados por el Instituto de Biomedicina de Valencia (IBV).

Las muestras analizadas suponen un 1 % de los casos diagnosticados en la primera ola (el 14 % antes del confinamiento).

La secuenciación reveló que, en la primera ola, circulaban por España nueve variantes del virus (denominadas SEC, del inglés Spanish Epidemic Clades), dos de ellas (SEC7 y SEC8) fueron las primeras detectadas en España y las mayoritarias antes de que se decretase el confinamiento.

Estas dos variantes (ambas del linaje A del coronavirus) eran las más abundantes en los países asiáticos en aquel momento y su presencia era mucho más baja en el resto de Estados europeos, donde predominaban las cepas del linaje B, un dato que ilustra el peso de dos factores fundamentales en la dispersión del virus por el mundo: La "dinámica" de expansión y las "casualidades", apunta Coscollá.

Al restringir la movilidad y los contactos de los ciudadanos, el confinamiento hizo que "todas las variantes casi desaparecieran", pero, con la llegada del verano y la relajación de las medidas de control, las nuevas variantes, como la que dominó en la segunda ola (la 20E), ligada a los brotes de los temporeros, "se encontró un campo virgen, se estableció y, sin ser mucho más contagiosa que otras, logró expandirse hacia muchos países europeos", apunta Coscollá a Efe.

Esa variante se expandió rápidamente por España ayudada por eventos de superdispersión y terminó dominando la segunda ola en España y gran parte de Europa, favorecida por la movilidad del verano, una lección que "no hemos aprendido del verano pasado", lamenta Fernando González Candelas, catedrático de la UV y uno de los coordinadores de SeqCOVID.

De hecho, es algo "similar a lo que estamos viendo a través de las olas. Estamos detectando variantes más transmisibles, pero su impacto se puede controlar con las medidas de control adecuadas. Donde esas medidas no han existido o son más relajadas, las variantes han agravado los rebrotes. Ocurrió en el Reino Unido con la variante Alpha y está ocurriendo en España con Delta", explica el investigador del CSIC en el IBV y coordinador de SeqCOVID Iñaki Comas.

Actualmente, gran parte de la población española está vacunada y cuenta con un nivel de protección que "evitará que lo que pasó en marzo de 2020 vuelva a suceder", pero hasta que las vacunas no lleguen a todos los rincones del planeta "la pandemia seguirá", avisa Coscollá.

Para los autores del estudio, los resultados de este trabajo, junto al de la segunda ola publicado este verano en Nature, demuestran que es necesario incorporar la epidemiología genómica como una herramienta esencial para vigilar y controlar la evolución de las enfermedades infecciosas sobre la población, "y no solo vinculado a esta pandemia, sino como algo rutinario", concluye la investigadora.