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Un equipo internacional de científicos ha descubierto parte de una garra de águila imperial que hace 39.000 años fue utilizada por los neandertales como adorno personal, lo que la convierte en la "joya" neandertal más moderna de la historia y en la primera encontrada en la Península Ibérica.

El hallazgo, que hoy ocupa la portada de la revista Science Advances y sobre el que Science (en su edición impresa) ha incluido una reseña, supone una nueva prueba de que los neandertales eran capaces de formular pensamientos simbólicos complejos, una cualidad que durante décadas se consideró exclusiva de los humanos modernos (Homo sapiens).

Los restos, hallados en el yacimiento de la Cova Foradada de Calafell (Tarragona), son huesos de águila imperial ibérica (Aquila adalberti) que presentan unas marcas de corte que indican que la garra fue manipulada expresamente para extraer la última falange, que se usaba para hacer elementos ornamentales.

"Hoy sabemos que los neandertales utilizaron las garras de las rapaces para hacer adornos desde hace 120.000 años hasta su extinción hace unos 40.000 años, pero hasta hace poco, se pensaba que los neandertales habían empezado a utilizar estos elementos como imitación de los humanos modernos", explica el investigador del Instituto de Evolución en África (IDEA) y líder del estudio, Antonio Rodríguez Hidalgo.

A mediados del siglo pasado, en el yacimiento francés de Grotte de Renne, de la cultura chatelperroniense (la última de los neandertales antes de extinguirse) era uno de los pocos yacimientos neandertales donde se habían encontrado cuentas de collares y adornos personales de 40.000 años de antigüedad.

 El resto de ornamentos prehistóricos sólo aparecía asociado a culturas propias de los humanos modernos.

"Por eso se pensaba que los neandertales habían copiado este rasgo cultural de los humanos anatómicamente modernos", con los que convivieron en Europa durante el Paleolítico Superior, pero el hallazgo de Grotte de Renne hizo pensar que los neandertales "tenían cultura simbólica antes de la llegada del hombre moderno a Europa".

Hasta ese momento, los únicos restos de adornos personales o elementos de joyería que se habían encontrado pertenecían a yacimientos de Homo sapiens de Sudáfrica, Marruecos y Próximo Oriente, y eran de mucha más antigüedad, de unos 70.000 años.

Cada vez más evidencias

Actualmente hay al menos diez yacimientos europeos en los que se han encontrado restos o pruebas de procesamiento de garras para obtener adornos "con carácter simbólico implícito".

De hecho, diversos artículos científicos publicados en los últimos años han ido desmontando la idea de que los neandertales eran una especie burda e inferior a la nuestra, sino todo lo contrario.

Incluso, recientemente la revista Science publicó un estudio que establecía que el arte de las cuevas españolas de Ardales (Málaga), Maltravieso (Cáceres) y La Pasiega (Cantabria) fue obra de los hombres de neandertal de unos 65.000 años de antigüedad, cuando el hombre moderno aún no había llegado a Europa.

Lo que está claro es que cada vez hay más pruebas que indican un comportamiento neandertal de gran "modernidad", concluye Rodríguez-Hidalgo.

El primero en la Península Ibérica

El yacimiento de Cueva Foradada, de la cultura chatelperroniense, es el más meridional de Europa y el primero de la Península Ibérica en aportar nuevas pruebas del pensamiento simbólico de los neandertales, que usaron las garras de águila como "elemento de comunicación no verbal".

En el artículo, el investigador del Seminario de Estudios e Investigaciones Prehistóricas (SERP) de la Universidad de Barcelona y coautor del estudio, Juan Ignacio Morales, plantea que la "apropiación cultural" del uso de las garras como ornamento pudo ser al revés, y que los humanos modernos copiasen esta práctica de los neandertales al llegar al continente.

En la investigación han participado también otros científicos del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), de la Universidad de Salamanca, del Museo Nacional de Historia Natural de París, y del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) de Francia. EFE