EFEZaragoza

Una investigación realizada por un equipo internacional liderado por las fundaciones Dinópolis y ARAID ha reconstruido la cavidad neurocraneal de un dinosaurio ornitópodo y concluye que pudo ser tan inteligente como sus parientes carnívoros.

El estudio, que cuenta con la participación del Servicio de Radiodiagnóstico del Hospital Obispo Polanco de Teruel, de la Universidad de Birmingham (Reino Unido) y del Dinosaur Museum de Fukui (Japón), se ha realizado sobre fósiles procedentes de la mina Santa María, ubicada en la localidad turolense de Ariño.

Según informa el Gobierno de Aragón en un comunicado, Proa valdearinnoensis era un dinosaurio comedor de plantas, un ornitópodo que sería primo lejano, pero menos antiguo, del famoso Iguanodon.

Sus fósiles solo se han encontrado hasta el momento en la antigua mina de lignito de la localidad de Ariño, donde durante el último decenio paleontólogos de la Fundación Dinopólis han localizado varios individuos, algunos de ellos bastante completos.

Entre los fósiles de Proa recuperados destacan tres neurocráneos, cuyo estudio ha dado como resultado una serie de conclusiones que acaban de ser publicadas en la revista estadounidense Journal of Comparative Neurology.

El estudio realizado por este equipo internacional ha utilizado un escáner del Hospital Obispo Polanco de Teruel para reconstruir la cavidad neurocraneal de este dinosaurio, la cavidad en la que se encontraba el encéfalo de este animal cuando vivía.

La información obtenida ha permitido a los investigadores inferir la forma y el tamaño de este órgano, que casi nunca fosiliza, y los datos obtenidos se han comparado con los de reptiles actuales.

Se ha descubierto así, según las fuentes, que el tamaño relativo del encéfalo (es decir, teniendo en cuenta el tamaño del cuerpo del animal) era mucho mayor en Proa que en los reptiles actuales.

Ya se sabía que el volumen del encéfalo aumentaba a lo largo de la evolución en los terópodos (el linaje de los dinosaurios carnívoros al cual pertenecen las aves), pero ahora se ha podido ratificar que ese incremento también se produjo en los ornitópodos.

Este grupo desapareció totalmente al final del Cretácico, a la vez que el resto de los dinosaurios, excepto las aves, de manera que solo es posible imaginar cuál habría sido la consecuencia de esta propensión a tener cerebros voluminosos en el caso de haber continuado su existencia durante algunos millones de años más.

Del estudio se desprende que podrían haber alcanzado una inteligencia nada desdeñable.

La investigación desarrollada por el equipo de paleontólogos de la Fundación Dinópolis ha sido posible gracias al apoyo de la empresa Samca y, particularmente, de su presidente, Ángel Luengo, que falleció el mismo día en el que esta investigación se publicó en una revista científica.

El continuo apoyo de Luengo ha posibilitado que el equipo de la Fundación Dinópolis encontrara 163 concentraciones de vertebrados en la Mina Santa María de Ariño y recuperara más de 11.000 huesos de animales que vivieron hace unos 110 millones de años.

También ha sido posible la investigación gracias al apoyo de los departamentos de Educación, Cultura y Deporte, y de Ciencia, Universidad y Sociedad del Conocimiento del Gobierno de Aragón, el Instituto Aragonés de Fomento, Dinópolis y el Ministerio de Ciencia e Innovación.