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Los expertos en enfermedades neurológicas advierten de que todas las investigaciones siguen apuntando a que el desarrollo de la esclerosis múltiple es resultado de una combinación de factores genéticos y ambientales, y no de una única causa.

La Sociedad Española de Neurología (SEN) hizo hoy esta aclaración en un comunicado después de que ayer la revista Science publicase un estudio de la Universidad de Harvard (Estados Unidos) que sugiere que esta enfermedad degenerativa está probablemente originada por el virus de Epstein-Barr (VEB).

La sociedad médica subraya que sigue sin estar claro por qué la esclerosis múltiple, una enfermedad crónica autoinmune y degenerativa del sistema nervioso central, se manifiesta en algunas personas y en otras no.

La esclerosis múltiple es el trastorno neurológico discapacitante no traumático más común en los adultos jóvenes de los países desarrollados, y en las últimas décadas su prevalencia ha aumentado en todo el mundo.

Se estima que hay aproximadamente tres millones de pacientes en todo el mundo, en su mayoría mujeres (tres casos por cada uno masculino) que manifiestan la enfermedad entre los 20 y los 40 años.

A día de hoy, todavía no se conoce la causa que la produce aunque la mayor parte de los estudios apoyan la existencia de factores ambientales en individuos genéticamente predispuestos.

Los mismos estudios apuntan a que la afluencia de estos factores ambientales es crucial durante la niñez y que las dos primeras décadas de vida son fundamentales en el riesgo de padecer esclerosis múltiple, apunta la SEN.

Además, esta enfermedad degenerativa no sigue un patrón de herencia convencional, sino que se han identificado más de 200 genes que influyen en el riesgo de desarrollarla cuando el individuo se expone a determinados factores ambientales.

De momento se desconoce cuáles son los factores ambientales directamente relacionados con el desarrollo de la esclerosis múltiple, aunque se han estudiado algunos como los niveles de vitamina D, el tabaquismo, el consumo de sal, la obesidad en la adolescencia y la exposición a diferentes agentes infecciosos como el virus de Epstein Barr (VEB), entre otros.

Además, durante muchos años se ha propuesto la existencia de agentes infecciosos que aumentarían el riesgo de esclerosis múltiple si se adquiriesen en la adolescencia, pero no si el primer contacto con ellos se produjera durante la infancia.

Estas teorías "de la higiene" se basan en datos epidemiológicos que muestran que, en los países en vías de desarrollo, la infección por VEB sucede en la primera infancia, mientras que en los países desarrollados esta infección se retrasa a la adolescencia, lo que aumenta significativamente el riesgo de desarrollar mononucleosis infecciosa (enfermedad del beso).

Sin embargo, advierte la SEN, aunque hay pruebas sólidas de que la mononucleosis infecciosa es un factor de riesgo importante para desarrollar esclerosis múltiple, también es cierto que la altísima prevalencia de seropositividad al VEB en la población general (95%) y la frecuencia relativamente baja de incidencia de esclerosis múltiple plantea un gran desafío para probar la causalidad directa entre el riesgo de desarrollar la enfermedad y la infección viral previa.

UNA PUERTA HACIA LA PREVENCIÓN

Por su parte, el investigador Diego Clemente, del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo (centro), cree que la asociación del virus de Epstein-Barr con la esclerósis múltiple podría abrir la puerta a la prevención en población de riesgo.

En declaraciones a EFE, Clemente subraya que estar infectado con ese virus no es un factor determinante, pero sí necesario o precipitante, para desarrollar esta enfermedad crónica autoinmune.

“Lo más interesante de este estudio es que si esa asociación es tan fuerte” se abre una vía para la prevención en personas con claros factores de riesgo, apunta el director del Laboratorio de Neuroinmuno-Reparación del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo.

Se trataría de niños o jóvenes que no han desarrollado la enfermedad, que suele aparecer entre los 20 y los 40 años, pero que tienen factores de riesgo como tener hermanos y padres con esclerosis múltiple (aunque no es una enfermedad hereditaria sí existe mayor probabilidad familiar) o genes mutados determinados que predispongan.