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En 1992, un carguero que hacía la ruta Hong Kong-Tacoma perdió 12 contenedores por una tormenta. Uno de ellos liberó al océano 29.000 patitos de goma que quedaron flotando a la deriva. Casi un año después, algunos patitos aparecieron en las costas de Alaska, a 3200 km del lugar del incidente.

Pasaron los meses y los patitos siguieron apareciendo en Australia, Indonesia, Chile o Hawái e incluso en el estrecho de Bering. Diez años después del accidente, los patitos habían llegado hasta Islandia.

El suceso es un gran ejemplo de una dinámica caótica con escapes: Las corrientes oceánicas forman una intrincada red de transporte por las que viajan todo tipo de objetos flotantes y aunque en un primer momento estos objetos inicien su deriva desde el mismo punto del océano, la acción de las corrientes separa progresivamente sus trayectorias.

Así, incluso la más pequeña diferencia en la posición inicial, o cualquier mínima fluctuación en las fuerzas que actúan sobre ellos, hace que en algún momento sus caminos se separen y que eventualmente terminen su viaje (escape) en lugares totalmente diferentes.

¿Y si fuera posible prever a dónde y cuándo llegará uno de estos objetos flotantes?. Eso es lo que han hecho los físicos del Grupo de Dinámica No Lineal, Teoría del Caos y Sistemas Complejos de la Universidad Rey Juan Carlos, dirigidos por el catedrático de Física Miguel A.F. Sanjuán.

El estudio, publicado en la revista "Nonlinear Dynamics", se basa en aplicaciones de las teorías del físico Lord Robert May de la Universidad de Oxford sobre el comportamiento dinámico de la población de una especie.

La aplicación propuesta por May contiene un parámetro y, en función de su valor, se pueden encontrar diferentes comportamientos dinámicos, entre ellos, una dinámica caótica con escapes en el que la población de la especie fluctúa de forma irregular durante un tiempo hasta que al final escapa hacia un comportamiento dinámico diferente al resto.

Pero "debido a la no linealidad del sistema y al ruido que le afecta, este escape es impredecible. No es posible conocer de antemano cuándo sucederá", señala el físico Gaspar Alfaro.

Para controlar cuándo se produce este escape, el estudio contempla dos alternativas: En la primera, se perturba el sistema caótico para que el escape se produzca antes de un tiempo límite, previamente determinado por el controlador y, en la segunda, el sistema se perturba para que el escape tenga lugar en un instante determinado.

Así, aplicando pequeñas perturbaciones al sistema, los autores del estudio han logrado modificar su comportamiento para que tanto el escape como el momento en que se produce puedan ser controlados a voluntad.

Y "aunque el sistema dinámico que hemos usado es de una sola dimensión, este método de control es fácilmente extrapolable a sistemas de dimensión mayor. Con su aplicación, los escapes caóticos propios de sistemas no lineales dejan de ser impredecibles", concluye Miguel A.F. Sanjuán.