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Investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) han conseguido identificar uno de los factores fundamentales para la correcta formación de las arterias coronarias del corazón.

Se trata de una proteína que participa en la maduración de los vasos del corazón y cuyo déficit durante el desarrollo puede acabar en un remodelado anómalo de las arterias coronarias, ha informado hoy el CNIC, que ha destacado que muchas de las investigaciones actuales en medicina regenerativa vascular podrían beneficiarse de los mecanismos descritos en este estudio, publicado en Circulation Research.

La enfermedad coronaria es una de las mayores responsables de muertes por causas cardiovasculares en todo el mundo, aunque todavía se desconocen muchos de los mecanismos moleculares encargados de "dictar" la formación de los vasos coronarios en situaciones normales.

El corazón, ha señalado el doctor Joan Isern, es un órgano crítico para la viabilidad del feto y, como tal, necesita crear un sistema circulatorio propio -la circulación coronaria-, partiendo de cero y mientras ya está latiendo, y todo simultáneamente al engrosamiento de sus paredes y rápido crecimiento.

"Las primeras fases de su vascularización se producen mediante un mecanismo llamado angiogénesis, con la posterior formación de sus dos principales arterias: las coronarias izquierda y derecha", ha precisado el investigador en la nota difundida hoy por el CNIC.

Periodo embrionario, el eje del árbol vascular

El estudio, llevado a cabo en un modelo de roedor, se ha centrado en el periodo embrionario durante el cual se constituye el árbol vascular coronario, que se encargará de nutrir al músculo cardíaco.

El equipo del CNIC, empleando diversas estirpes de ratones transgénicos y técnicas microscópicas de alta resolución, ha logrado visualizar con un detalle sin precedentes las distintas fases de la vascularización coronaria.

La investigación ha sido dirigida por la doctora Sara González-Hernández, adscrita en la actualidad al Instituto Nacional de la Salud (NIH) de Estados Unidos, y supervisada por el doctor Joan Isern, y en la misma han participado además investigadores de la Universidad Pompeu Fabra (UPF) y la Universidad de Cambridge.