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La cartilla COVID propuesta por la presidenta de la Comunidad de Madrid no tiene base científica, según investigadores consultados por Efe, que señalan que puede provocar relajación frente al virus en parte de la población y que, un modelo parecido, ya fue desaconsejado por la OMS. Además, no hay suficiente conocimiento sobre la inmunidad.

La presidenta del Gobierno madrileño, Isabel Díaz Ayuso, anunció el martes que pondrá en marcha en septiembre un proyecto piloto de 'cartilla covid' para que quienes tengan anticuerpos o se hayan sometido a una prueba PCR tengan registrada esa información. Un día después, el vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio Aguado, dijo que la cartilla no es un "pasaporte de inmunidad", sino un registro que no busca generar privilegios ni beneficios.

Desaconsejada por la OMS

Efe ha recogido la opinión de distintos científicos sobre esta polémica cartilla. Vicente Larraga, del Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas (del CSIC) y responsable de uno de los proyectos españoles para encontrar la vacuna contra la COVID-19, recuerda que esta ha sido ya desaconsejada por la OMS.

Además, los test tienen un porcentaje de error y todavía no hay datos fiables sobre la permanencia de los anticuerpos en la sangre.

La OMS señaló el pasado 24 de abril que no había "suficiente evidencia" sobre la efectividad de la inmunidad mediada por anticuerpos para garantizar la exactitud de un "pasaporte de inmunidad".

Además, consideró que las personas que asumen que son inmunes a una segunda infección "pueden ignorar los consejos de salud pública. Por consiguiente, el uso de esos certificados puede aumentar los riesgos de transmisión continua".

Ni sentido médico ni social

Salvador Macip, médico, investigador y profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), ahonda en esta idea: la cartilla "tendría que basarse en test serológicos rápidos, que por desgracia fallan bastante, y tendría que haber suficientes para toda la población. Solo esto ya es un obstáculo técnico insalvable".

Según este científico, medidas así no tienen ningún sentido, ni médico ni social. Además, mezcla dos conceptos: las pruebas PCR, que miden si la persona está contagiada en ese momento, y las serológicas, que determinan si la persona tiene anticuerpos (y por tanto está en teoría protegida) contra el virus.

"La PCR sólo te dice lo que pasa en ese momento, no sirve para predecir si una persona se infectará o no", señala a Efe Macip, quien subraya que, además, aún no está claro qué niveles de anticuerpos son necesarios para quedar protegido contra el virus, ni cuánto duran.

Se han descrito casos de personas que parece que se han vuelto a infectar, dice este investigador, quien añade: "no sabemos suficiente aún sobre la inmunidad que causa el virus".

Falta información sobre la inmunidad

Sobre la inmunidad también se pronuncia el catedrático de biología molecular en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) José Manuel Bautista, quien insiste en que no hay suficiente conocimiento científico sobre su duración y, aunque posiblemente haya cierto grado de inmunidad, se desconoce si una persona con esta puede ser reinfectada y, sin tener síntomas, transmitir la enfermedad.

En cuanto a la reacción y comportamiento que una medida de estas puede tener en las personas, Bautista recalca que no se ha valorado el efecto psicológico: las personas sin formación sanitaria pueden asumir riesgos y poner en peligro a colectividades.

Además, "hay que tener en cuenta que discriminar es dar un trato diferente a personas que merecen recibir el mismo trato y que supone beneficiar a unos y perjudicar a otros, y eso es lo que va a provocar esta cartilla".

En este sentido, Macip menciona que uno de los motivos por los que se desestimó el pasaporte inmunológico es precisamente porque crea ciudadanos de primera y de segunda.

"Podría incluso incentivar que la gente se infecte a propósito para tener el carné. Y los que tuvieran anticuerpos podrían relajarse, cuando aún no sabemos exactamente cómo de protegidos estarían. Es éticamente problemático, técnicamente difícil de implementar y puede ser contraproducente".

Opinión de la revista Nature

La revista Nature también trató este asunto el 21 de mayo en un comentario titulado "Diez razones por las que los pasaportes inmunológicos son una mala idea", firmado por Natalie Kofler de la Facultad de Medicina de Harvard (EE.UU) y Françoise Baylis de la Universidad de Dalhousie (Canadá).

Para las autoras, "cualquier documento que limite las libertades individuales sobre la base de la biología corre el riesgo de convertirse en una plataforma para restringir los derechos humanos, aumentar la discriminación y amenazar -en lugar de proteger- la salud pública".

"Etiquetar a las personas" crearía una nueva medida para dividir a los "inmunoprivilegiados" y los "inmunodeprimidos", lo que es "particularmente preocupante en ausencia de una vacuna gratuita y disponible universalmente".

Si el acceso a ciertas libertades sociales y económicas se da solo a las personas que se han recuperado de la enfermedad, los pasaportes de inmunidad "podrían -según el artículo- incentivar a las personas sanas y no inmunes a buscar deliberadamente la infección, poniéndose a sí mismos y a otros en peligro". EFEfuturo