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Un equipo internacional de investigadores ha clasificado en seis grupos distintos a las personas con más reticencias a las vacunas, y concluye que la polarización ideológica influye más que el nivel educativo en la conducta negacionista.

La investigación, publicada en la revista British Journal of Psychology, es una colaboración entre investigadores de la Universidad Complutense, de la Autónoma de Madrid y de la Escuela de Negocios de la Universidad de Queensland (Australia).

Según la última Encuesta de Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología en España 2018, coordinada por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología del Ministerio de Ciencia e Innovación, el 3,3% de los españoles confía 'poco' o 'nada' en la capacidad de las vacunas para proteger la salud y el bienestar de los niños.

A partir de estos datos, los investigadores realizaron el estudio con 5.200 entrevistas cara a cara en todas las comunidades autónomas.

Las entrevistas se hicieron antes del inicio de la pandemia, por lo que este trabajo solo analiza la actitud hacia las vacunas infantiles y no es "extrapolable" a la situación actual, advierten los autores.

Durante la investigación, identificaron los seis perfiles de "microcomunidades" reticentes a las vacunación infantil, de mayor a menor grado.

El primero tiene un alto nivel educativo y está situado a la izquierda ideológica, y en el segundo, están los jóvenes con bajo nivel educativo y polarizados políticamente, especialmente a la derecha, pero también a la izquierda.

En mitad de la clasificación hay dos grupos orientados al centro ideológico, unos con bajo nivel educativo y otro en la media educativa, mientras que los perfiles 5 y 6 agrupan a personas con un nivel educativo modesto y en el centro político y otro grupo con nivel educativo alto y también en el centro político.

El estudio concluye que, independientemente de su nivel educativo, las personas con una ideología más extrema -tanto de izquierda como de derecha-, son más reticentes a las vacunas infantiles.

"Se observa que los individuos culturalmente diversos tienen tendencia a acreditar y rechazar de manera selectiva la evidencia en patrones que reflejan las creencias que predominan en su grupo. La cuestión a la que se llega entonces es que no falta información, sino más bien puentes de diálogo sobre sus principales preocupaciones", explica Celia Díaz Catalán, investigadora del Departamento de Sociología: Métodos y Teoría de la Universidad Complutense de Madrid.