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La lava expulsada durante la erupción del volcán de Cumbre Vieja en la isla de La Palma en 2021 fue "inusualmente fluida, especialmente poco viscosa, y rápida", concluye un estudio de la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia, en Alemania.

Esta es una de las razones por las que la destrucción "fue tan devastadora", subrayan los investigadores en un comunicado hecho público este martes por la universidad, en el que explican que la viscosidad de la lava del volcán de La Palma fue menor que, por ejemplo, la de la descargada por el Kilauea en Hawái en 2018.

Los resultados del estudio se publicaron recientemente en la revista Nature Communications, en un artículo en que los autores describen que el evento de La Palma produjo una basanita (roca volcánica) con una de las viscosidades más baja de las erupciones basálticas históricas.

"La viscosidad de la lava fue una de las más bajas jamás observadas en una erupción basáltica", indica Yves Feisel, que junto al científico Jonathan Castro midieron la viscosidad de la lava en el laboratorio, teniendo en cuenta su química, cristalinidad y temperatura.

Según explican, a partir de las imágenes de los flujos de lava que aparecieron en la televisión y en internet, fue posible ver la velocidad a la que se movía la lava y deducir así su baja viscosidad.

Basándose en estas imágenes filmadas, los investigadores llegaron a varias conclusiones. Calcularon por ejemplo que, en algunos casos, la velocidad de salida de la lava era superior a diez metros por segundo.

Además, pudieron observar en los flujos de lava fenómenos que normalmente son más característicos de los fluidos que circulan de forma turbulenta, como los que se dan dentro de las masas de agua.

Pero los investigadores no solo usaron imágenes televisivas. Para determinar con mayor precisión la viscosidad de la lava, recogieron partículas de ceniza solidificada mientras caían del cielo en La Palma.

De vuelta a la universidad de Maguncia, pudieron determinar la temperatura de la erupción mediante el análisis químico de estas muestras, lo que reveló que el magma debía de estar entre 1.150 y 1.200 grados centígrados aproximadamente.

También fundieron algunas de las muestras y midieron la viscosidad del fundido a estas temperaturas utilizando un dispositivo conocido como reómetro.

Poco después del inicio de la erupción, la lava tenía una viscosidad de entre 10 y 160 pascales segundo -el pascal segundo es la unidad física de viscosidad-, apunta Feisel, quien añade: "Esa es una cifra diez veces menor que, por ejemplo, la viscosidad de la lava descargada del Kilauea en Hawái en 2018".

El equipo estableció que una de las razones por las que la destrucción fue tan devastadora fue que la lava expulsada durante la erupción tenía "una viscosidad excepcionalmente baja", lo que hizo que fluyera muy rápidamente.

Según el científico, la lava de Cumbre Vieja era tan fluida principalmente debido a su composición química específica, en particular su contenido relativamente bajo de sílice y la forma en que este fundido cristalizó.

"Cuando la lava se enfrió, se formaron cristales y esto probablemente ayudó a retener el bajo contenido de sílice de la lava, permitiéndole mantener su baja viscosidad durante un período de tiempo más largo".

Aunque siempre es muy difícil predecir cuándo y cómo entrarán en erupción los volcanes, los resultados de esta investigación pueden ayudar a mitigar los daños causados por erupciones en el futuro, mejorando la predicción del curso y evolución de futuras coladas de lava.

La erupción de Cumbre Vieja en 2021 fue la erupción volcánica "más prolongada y perturbadora de la historia reciente de la isla canaria de La Palma", recuerda la universidad.

Las imágenes de la lava fluyendo a través de los asentamientos y hacia el mar dieron la vuelta al mundo, mencionan.