EFESanta Cruz de Tenerife

Las anomalías químicas detectadas en las proximidades del delta que ha formado la lava del volcán de La Palma no son "nada comparables" con los efectos que hace diez años se observaron con el nacimiento del volcán submarino de El Hierro, ha dicho la catedrática de Oceanografía Química de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Magdalena Santana.

Es "lógico y normal" que se produzcan esas anomalías cercanas a la franja de interacción entre la colada de lava y el agua del mar, pero no van "más allá", ha señalado Santana, componente del grupo Quima, especializado en acidificación del medio marino.

Ha explicado que, en el caso de El Hierro, la boca eruptiva estaba debajo del agua, donde se inició a unos 350 metros de profundidad, y el volcán creció hasta los 88 metros por debajo del nivel de mar, de forma que los gases que ahora se liberan a la atmósfera hace diez años salieron en el agua.

Gran parte de esos gases se solubilizaron, incluidos los azufre, y por eso en El Hierro se formó sulfhídrico, lo que dio lugar a un ambiente corrosivo y "muy ácido", debido a las emisiones de CO2, bajando el ph en tres unidades.

En el caso del volcán de La Palma, la lava, a medida que discurre hasta el mar prácticamente se desgasifica y lo que se ve en la zona de contacto con el mar es la evaporación del agua que resulta del choque térmico, y lo que se genera es ácido clorhídrico, pero como consecuencia del cloruro de sodio del agua de mar, ha añadido.

El grupo Quima, del que forma parte esta catedrática de Oceanografía Química de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, tomó muestras del agua de mar antes de que la colada de lava llegase, y una vez que llegó y se formó el delta ha vuelto a coger muestras a 15, 50 y 500 metros de separación, distancia ésta última en la que "prácticamente" no se han detectado anomalías.

Magdalena Santana ha declarado que, en su momento, vieron un ligero decrecimiento de pH, localizado principalmente en la franja más próxima, y en profundidad, en la columna de agua, entre los 2 y 5 primeros metros.

También han analizado parámetros como el carbono inorgánico y la alcalinidad, que con el pH dan información acerca de la acidificación oceánica, y han encontrado una ligera disminución de la alcalinidad en las muestras más próximas.

Algo esto último que se debe al choque térmico que se produce al entrar en contacto la lava, que está a más de 800 grados centígrados, y el agua de mar, que está a unos 25.

Magdalena Santana ha comentado que ese choque produce, además de la evaporación de agua, una transferencia de los equilibrios químicos, entre ellos el del bicarbonato y el carbonato produciendo CO2, dióxido de carbono, que se libera hacia la atmósfera, y eso explica la bajada de la alcalinidad.

En cuanto a la anomalía del pH ha apuntado que se debe sobre todo a los cambios que se producen en la temperatura del agua, de unos 2 a 2,5 grados en la pequeña franja.